
Predicar Agradando A Dios
Predicar agradando a Dios. Una tentación de hoy: tenemos vergüenza de la Palabra de Dios. Pablo no se preocupó de ser malinterpretado: sirvió a la Revelación. “Nosotros predicamos procurando agradar no a los hombres, sino a Dios, que examina nuestros corazones.” 1° Tesalonicenses (2,1-8)
Transcripción
Nosotros predicamos procurando no agradar a los hombres,
Sino a Dios que examina nuestros corazones.
Es una tentación para el católico de hoy.
A veces,
Con nuestras palabras en lo referido a la fe,
Nos da vergüenza de determinadas afirmaciones que están en la revelación de Dios,
En el mensaje de Jesús.
No nos cuesta aceptarla,
Pero sí compartir nuestros criterios con los que nos rodean,
¿no?
Y San Pablo tenía la misma dificultad,
Pero le escribe a los tesalonicenses diciéndole,
Recuerden,
Frente a las dificultades de ser malinterpretado,
Yo no me achiqué,
Yo les di la revelación tal cual la recibí,
Porque esa palabra no es mía,
No me pertenece,
Sino que es un tesoro dado por el Padre a través de Jesús para que lo vivamos y para que lo compartamos.
Y en un mundo que,
Aunque lo niegue,
Está necesitado de verdades que le den sentido a la propia existencia,
Que le den sentido a la muerte,
Que le den sentido a la felicidad,
Nosotros los católicos tenemos que ser servidores de la palabra del Señor,
Predicarla al que me rodea,
A mi familiar,
A mi amigo,
A mi compañero de trabajo,
No para agradar sus oídos,
Sino para que la palabra del Señor en verdad resuene.
Y eso es lo que agrada a Dios,
Toda una conversión.
¿Te animás?
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4.4 (10)
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