
Fénix, El Niño Del Desierto - Cuento Para Niños
Fénix es un chico de 12 años que vive en un desierto junto a su familia y el resto de su tribu: “la Tribu del Sol”. En este primer cuento se aborda el tema de la identidad. El protagonista se pregunta quién es. La identidad es lo que nos hace únicos y ésta se va desarrollando desde una edad muy temprana. La manera en que nos percibimos y la forma en que nos valoramos condiciona e influye profundamente en la forma en que afrontamos la vida.
Transcripción
Amanece en el desierto.
El viento de la mañana trae el olor de las hierbas aromáticas que Nimacay,
El chamán de la tribu del sol,
Había quemado la noche anterior en la hoguera que se hizo como ceremonia para dar la bienvenida a la primavera.
El aire fresco de la mañana huele a romero,
A salvia y a alguna hierba más que Fénix no llega a reconocer.
El ritual que tuvo lugar la noche anterior sucede en cada cambio de estación y consiste en una ceremonia de agradecimiento por todo lo recibido y en una bienvenida al nuevo ciclo que llega.
Al atardecer todos los habitantes de la tribu del sol se reúnen junto al árbol sagrado,
Un árbol milenario de tronco majestuoso,
Frondoso y de grandes ramas,
El cual conserva en sí mismo la sabiduría del paso del tiempo.
Grandes y pequeños se pintan las caras y los cuerpos con dibujos en homenaje a los espíritus de la naturaleza y se colocan haciendo un gran círculo bajo el árbol.
Todos permanecen en silencio con los ojos cerrados y las dos manos en el corazón despidiendo a la estación que se va,
Agradeciendo todas las cosas buenas que ha brindado para la tribu y para toda la tierra.
Después de agradecer se cogen las manos unos a otros y cantan una canción de bienvenida a la nueva estación que llega.
Los más pequeños bailan y saltan en medio del círculo rebosantes de alegría.
Mientras todo esto tiene lugar,
Nimacay va echando en una pequeña hoguera hierbas aromáticas y medicinales,
Entonando palabras y cánticos que sólo él y la naturaleza conocen.
Mamá,
Dice Fénix,
Mientras miraba aún por la ventana de su cabaña.
¿De dónde viene mi nombre?
Preguntó.
¿Por qué me llamo Fénix?
¿Mi nombre tiene algún significado?
Sé que el significado de tu nombre es viento y el de papá,
Sabiduría.
¿Cuál es el mío?
¿Por qué escogieron ese nombre para mí?
Guaira,
La madre de Fénix,
Sonrió con ternura y acercándose a él se puso a la altura en la que sus ojos se encontraban y le dijo.
Fénix,
Hoy me has preguntado,
Por lo que sé que ya estás preparado para escuchar la historia de tu nombre.
Fénix sintió como su corazón latía con fuerza y rapidez,
Lleno de emoción.
Intuía que lo que iba a escuchar iba a ser revelador para él.
Guaira llamó a Amaru,
El padre de Fénix,
Para que participara de la conversación,
Ya que los temas importantes deben ser contados y compartidos por todos los miembros de la familia al mismo tiempo.
De esta manera,
Una vez estuvieron los tres reunidos,
Se sentaron encima de unas pieles para comenzar a hablar.
Fénix,
Dijo su padre,
Como sabes el nombre que nos es dado al nacer no debe ser escogido a la ligera,
Ya que ese nombre que recibimos es nuestra mayor protección en esta vida.
Cada sonido y por tanto cada palabra en el universo tiene una energía propia,
Una vibración.
Además,
También poseen un simbolismo y un significado.
Ahora sabrás por qué elegimos el tuyo.
Hace ya unos años,
Comenzó Guaira,
Pasó por el poblado un viajero que venía de lejanas tierras.
Tu padre y yo lo acogimos con nosotros,
Le ofrecimos cobijo y alimento y le enseñamos nuestras costumbres y tradiciones mientras descansaba unos días antes de continuar su viaje.
Este viajero venía de recorrer muchas tierras,
Por lo que conocía muchas historias que había ido aprendiendo a lo largo de su camino.
Así fue como nos agradeció nuestra hospitalidad,
Regalándonos las fantásticas aventuras que había vivido en sus viajes.
Una noche compartió con nosotros una historia que tanto a tu padre como a mí nos llegó muy adentro,
Nos tocó el corazón.
En ese momento no lo sabíamos,
Pero ese relato cobraría un gran sentido para nosotros algún tiempo después.
Esa historia,
Continuó ahora su padre,
Decía así.
En uno de mis viajes por oriente conocí la existencia de un ave grandiosa de plumaje rojo y naranja.
Es un ave que cuenta con muchos dones,
Por ejemplo dicen que sus lágrimas tienen el poder de curar.
Cada 500 años le llega la hora de morir,
Entonces hace un nido de especies y hierbas y pone un huevo al que calienta y cuida durante tres días.
Entonces se prende fuego quemándose por completo hasta quedar reducido a cenizas.
Lo más increíble es que al poco tiempo vuelve a nacer de ese huevo,
Más fuerte y más poderosa que antes.
El fénix es un ave que nos inspira a volver a comenzar,
A pesar de vivir situaciones difíciles.
Es un símbolo del renacimiento,
Del poder del fuego,
De la purificación y la inmortalidad.
Al finalizar la historia su padre se quedó en silencio y todos permanecieron así unos minutos,
Asimilando la fascinante historia del ave fénix.
Entonces fénix preguntó,
¿y qué tengo que ver yo con esa ave tan especial,
Papá?
Sus padres se miraron sonriendo y Amaru,
Su padre,
Asintió para que fuera Waira la que respondiera.
Cuando estabas en mi vientre,
Creciendo,
De repente un día caí muy enferma.
Sin saberlo bebí agua que estaba contaminada y todos pensaban que iba a perderte.
Ni siquiera Nimakai,
Nuestro anciano y querido chamán,
Pensó que pudiera sobrevivir.
Él estuvo conmigo,
Acompañándome y haciendo todo lo posible hasta donde llegaban sus conocimientos y sus dones.
Me trató con plantas,
Con la energía del universo,
Con el humo sanador de su pipa y recitó todo tipo de oraciones para que recibiéramos bendiciones de los espíritus.
Finalmente me dijo que ahora sólo quedaba esperar y confiar en la sabiduría de la propia naturaleza,
Aceptando el proceso y el resultado,
Fuera este el que fuera.
Pero había algo que ni las plantas,
Ni la energía de los elementos,
Ni los conjuros más mágicos pueden hacer.
Me refiero al sentimiento del amor y de la fe.
Yo nunca dudé,
Tu padre nunca dudó.
Ambos mantuvimos viva la fe y la esperanza de que seguirías con nosotros.
Queríamos verte crecer y amarte cada día de nuestras vidas.
Fuiste un niño muy deseado por nosotros.
Tuve que permanecer en cama varias semanas para que mi cuerpo encontrara la manera de mantenerte sano y salvo dentro de mí.
Mientras yo te cantaba canciones en voz muy baja,
Te susurraba cuánto te amaba y te hablaba de las personas de la tribu para que sintieras que todos te estábamos esperando aquí.
Al cabo de un mes,
Después de mucho silencio,
De repente un día te sentí.
Noté unos golpecitos que venían de mi interior y enseguida lo supe.
Eras tú,
Haciéndome saber que estabas ahí,
Con fuerza y con ganas de vivir.
Ese día me levanté y poco a poco fui volviendo a la normalidad.
Tu padre y yo estábamos rebosantes de alegría.
Recordamos la historia que aquel viajero nos había contado y creímos que tú también,
Al igual que el ave,
Habías sido capaz de salir adelante gracias a tu fuerza y a tus ganas de vivir.
Por eso te nombramos bajo el nombre de Fénix.
Fénix escuchaba con los ojos y los oídos bien abiertos.
De alguna manera,
En su interior esa historia le era familiar.
Tenía la sensación de estar reviviendo un lejano sueño.
Cuando su madre terminó de hablar,
Fénix siguió en silencio durante unos minutos,
Admirando la fortaleza de su madre y sintiendo cómo amaba a sus padres,
Los cuales habían confiado en él y le habían hecho sentir su amor incondicional desde que estaba en el vientre.
Se levantó y los abrazó a ambos con fuerza.
Los tres se miraron y se sintieron afortunados de estar juntos.
En ese momento escucharon la voz de Shakta,
Una amiga de Fénix.
Se encontraba en la puerta observándolos divertida.
—Hola,
Fénix.
Venía a buscarte para ir a explorar al sendero.
¿Quieres venir?
—Sí,
Vamos.
Además,
Tengo una historia increíble que contarte.
Es la historia de mi nombre.
Los dos chicos salieron corriendo de la cabaña,
Llenos de energía y de alegría de vivir.
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