
Meditacuento de Navidad: el Pino
¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos, esta vez con unos especiales cuentos de navidad. El día de hoy te traigo una adaptación del cuento de Hans Christian Andersen. Una historia sobre el pino de navidad y la importancia de valora cada momento de la vida. Espero que lo disfrutes, ¡gracias por meditar conmigo! No olvides comentarme que te pareció y si te gustaría escuchar un meditacuento de algún tema en especial.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de los meditacuentos,
Esta vez con un nuevo meditacuento de temporada navideña.
Para disfrutarlo te invito a que te pongas cómodo y cómoda,
Puedes ser sentado o acostado en la postura que prefieras.
Trata de no cruzar los brazos ni las piernas para que tu cuerpo esté completamente relajado.
Vamos a tomar profundamente el aire,
Dejando que empiece a volar nuestra imaginación.
Deja que salga el aire por tu boca.
Nuevamente toma el aire por la nariz,
Permitiendo que llegue a todos los rincones de tu cuerpo.
Déjalo salir por la boca.
Una última vez toma un aire fresco que te llena de calma y tranquilidad.
Deja salir el aire suavemente por tu boca.
Ya estamos listos para comenzar.
El cuento de hoy se llama El Pino.
Había una vez un bosque en el que crecían todos los pinos grandes y fuertes,
Y entre ellos había uno pequeño muy bonito que recibía todo el aire y la luz que necesitara,
Pero se empeñaba en crecer con tanta prisa que no lo notaba.
No prestaba atención al sol,
Ni a las nubes rosadas que estaban a su alrededor,
Ni a los niños que jugaban a recoger frutas y sentarse debajo de él.
—Mira qué arbolito tan lindo,
Decían,
Pero a él no le gustaba oír nada,
Solo pensaba.
—Necesito crecer.
Quiero ser tan alto como los demás.
Si fuera tan alto como los demás,
Podría extender mis ramas,
Y desde allí mirar el vasto mundo.
Los pájaros vendrían y harían nidos en mí,
Y siempre que soplara el viento,
Podría cabecear tan majestuosamente como lo hacen los demás.
Pero la verdad es que no se contentaba ni con el sol,
Ni con los pájaros,
Ni con las nubes que cruzaban por él en la mañana y en la tarde.
Cuando llegaba el invierno y caía la nieve,
Los conejos se juntaban a su alrededor para jugar,
Pero él solo pensaba,
Crecer,
Crecer y hacerme más alto,
Eso es lo importante,
Y se perdía de las conversaciones con los conejos.
En otoño venían los leñadores y cortaban los árboles más grandes y fuertes,
Y siempre pensaba,
Quiero ser uno de ellos,
¿a dónde irán?
Un día llegó una cigüeña,
Y él no dudó en preguntarle a dónde se iban esos árboles que cortaban los leñadores.
La cigüeña le respondió que de allí se convertían en los mástiles de los barcos que luego navegaban por el mar.
Ah,
Debe ser una maravilla poder navegar todo el mar y reconocer su inmensidad,
Yo quiero ser uno de ellos,
Decía.
Alégrate de tu juventud,
Decían los rayos del sol,
Alégrate de tu crecimiento y de la vida que hay en ti,
Pero él seguía pensando que quería convertirse en uno de esos mástiles de los barcos y por fin conocer el mar.
En navidad se cortaban pinos más jóvenes,
Que ni en edad ni en tamaño podrían medirse con como estaba nuestro amigo el pino.
Se quedaba muy inquieto,
Siempre anhelando ser él uno de los que la gente se llevaba,
Pero la verdad es que no sabía dónde iba.
Así que una vez le preguntó a los gorriones,
¿a dónde se van los árboles que cortan en navidad?
Los gorriones le explicaron que durante navidad ellos veían a través de las ventanas de la ciudad,
Árboles llenos de esplendor en el interior de las casas,
Que los plantaban en el centro de la habitación y los llenaban de adornos como manzanas doradas,
Juguetes y cientos de velas.
Sí,
Yo quiero ser uno de esos,
Decía nuestro pino,
Quiero ser el centro de una casa y que me adornen,
Quiero ser como ellos.
Alégrate con nosotros,
Le decía el viento y la luz del sol,
Alégrate de la juventud y el aire libre que tienes,
Pero él seguía soñando con que ser un árbol en una casa debería ser mucho mejor que ser un mástil de un barco.
Y así pasó año tras año,
Él iba creciendo,
Nudo tras nudo,
Ya sabes que en los nudos se mide la edad de los árboles,
Hasta que llegó el día en el que una persona lo derribó,
Sintió como el hacha atravesó todo su tronco y a pesar de su gran dolor,
Sentía emoción de por fin convertirse en el árbol de navidad.
Una vez llegó a la casa,
Comenzó a sentir cómo lo adornaban,
Se sentía feliz,
Estaba lleno de manzanas doradas,
De collares y de muchas velas,
Pero al encendido la primera vela se asustó demasiado,
Tanto que una de sus ramas se comenzó a quemar.
De inmediato las personas lo apagaron,
Él se sentía nervioso,
Pero pensó,
Mañana lo haré con más seguridad.
Cuando se acabaron el resto de las velas,
Esa noche los niños de la casa pudieron abrir sus regalos.
A la mañana siguiente el árbol estaba listo para hacerlo mejor,
Pero entraron dos personas y se lo llevaron al ático,
Le quitaron todos sus adornos y lo encerraron en un cuarto oscuro.
Él no entendía lo que pasaba,
Pero veía que alrededor había mucho invierno y pensó,
Quizás en estos momentos la tierra está muy dura y no me pueden plantar,
Así que están esperando que vuelva el verano.
¡Qué buenas son estas personas!
Si tan solo volviera a tener la luz del sol y el aire y no este cuarto oscuro y solitario,
Si tan solo pudiera conversar al menos con un conejo.
Al poco tiempo escuchó unos sonidos y aparecieron unos ratoncitos que se acercaron a conversar con él y le preguntaban de su vida,
Si conocía el campo,
De dónde venía,
Siempre querían escuchar sus historias.
Siguieron llegando día tras día los ratoncitos y luego le preguntaron si no se sabía otra historia,
Pero el pino no conocía nada más.
¡Es muy aburrida esta historia!
Las ratas se fueron y no volvieron a regresar.
Pasó el tiempo y el pino ahora añoraba tener siquiera la conversación de esos ratoncitos,
Recordaba a los conejos,
Los niños que pasaban,
El aire,
El viento y el sol que lo acariciaba.
Sería realmente agradable que tuviera otra vez compañía.
Hasta que un día lo sacaron del ático y lo llevaron al patio.
El pino se preguntó,
¿será que está comenzando nuevamente la vida para mí?
¡Sí!
Gritó alegremente.
En realidad lo habían sacado para desecharlo,
Sus hojas se habían quedado por completo y de su belleza no quedaba ni la mitad,
Era irreconocible.
En ese momento el árbol recordó todos los momentos en los que fue tan feliz y no estuvo presente para valorarlo.
Y hasta aquí el meditacuento de hoy,
¿qué te pareció?
Una triste historia que nos ayuda a recordar la importancia de valorar lo que tenemos ahora.
A veces crecemos con la añoranza de lo que va a pasar el siguiente día o el siguiente año y nos olvidamos de todas las maravillas que nos acompañan en este momento.
Hoy es un buen día para apreciar lo que ya tienes,
Como la compañía de esas personas que tanto te quieren.
Espero que hayas disfrutado de este meditacuento tanto como yo y nos escuchamos en un próximo capítulo.
¡Adiós!
Conoce a tu maestro
4.7 (61)
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