
Meditación Para Dormir – La Cascada
by Alan Disavia
Una sesión para escuchar en la cama, con auriculares. Te llevo a un bosque de noche, a una piedra de musgo junto a una cascada, y mientras el agua cae sin parar, el sueño se vuelve inevitable. No hay nada que hacer, solo dejarte llevar.
Transcripción
¿Vamos a dormir?
Ya estás en la cama.
Cerra los ojos.
Esta noche no tenés que hacer nada.
Ni siquiera dormir.
Vos solo escucha mi voz.
Y deja que las palabras te lleven.
El sueño va a venir solo.
Y no vas a poder evitarlo.
Lleva tu atención al aire.
Toma aire y espacio y soltalo.
Más despacio todavía.
Y cada vez que soltas el aire algo del cuerpo se suelta con él.
Y la iris sale.
Las sombras bajan.
El aire sale.
La mandíbula se afloja.
El aire sale.
Y vos?
Con más relajación.
Antes de sultar del todo.
Vamos a dejar resuelta una sola cosa.
En algún lugar tuyo.
Hay un reloj.
¿Sabías?
Ese reloj que siempre supo despertarte.
El que alguna vez te despertó justo antes de que sonó la alarma.
Porque ese día algo importante te esperaba.
Ese reloj sabe su trabajo.
Así que.
.
.
Pensá en la hora que querés despertarte mañana.
Y activarlo.
La hora ya no es tuya.
No es tu responsabilidad.
Es del reloj.
Y vos quedas libre.
Sin nada que cuelgar.
Sin nada que esperar.
Y ahora vas a sentir como el cuerpo empieza a pesar.
La frente se siente más pesada los párpados.
Se sienten tan pesados.
Tan cómodos y tan relajados.
Que se quedan pegados.
Y aunque quisieras abrirlos.
No podrías.
Prueba si querés.
Intenta abrirlos.
No se puede.
Ziarie.
Están tan a gusto cerrados que ya no responden.
Y que alivie.
Ya no hace falta abrirlos hasta mañana.
Así que déjalos así.
Sellados.
Tranquilos.
Y ese peso de los párpados ahora baja por el resto del cuarto.
Baja para la mandíbula.
La floja.
Por las sombras.
Y se relajan.
Por los brazos.
Que pesa más.
Del pecho.
La panza.
Las piernas.
Todo empieza a relajarse.
Todo empieza a entregarse a la cama.
El sueño.
Se vuelve inevitable.
¿ya o no?
Con el cuerpo completamente relajado.
Empieza a escuchar.
Porque hay un sonido de agua.
Lejano al principio.
Un murmullo grande.
Entre árboles que no ves.
Es una cascada.
Y sin moverte.
Sin hacer nada.
Ya estás ahí.
En un bosque.
Iluminado por la luz de la luna.
Que es la Rúa.
Que cae cerca.
Escucha cómo cae.
El agua baja al principio desde lo alto de una piedra cae,
Cae y no para.
Y ese sonido no cambia nunca.
Escuchalo.
Solo eso.
Deja que el sonido del agua que no quede lugar para nada más.
Ni para un pensamiento.
Para una imagen.
Solamente el agua cayendo.
Y mientras más lo escuchas.
.
.
Más inevitable.
Se vuelven sueñas.
Cerca del agua.
Hay una piedra ancha.
Cubierta de mojo.
Aterciopelado y orgánico.
Y tu cuerpo ya está recostado ahí.
Sin que hayas hecho nada para llegar.
La suavidad del musgo te recibe.
Y la piedra te sostiene.
El agua sigue cayendo al lado tuyo como si te cantara.
Cada gota que cae.
Te relaja mas y mas.
Y no hay nada que puedas hacer para no dormirte.
Ni querés hacerlo.
Y mire lo que hace el agua.
Cae.
Toca la laguna.
Y se va.
No se queda con nada.
Así que vos podes darle al agua lo que traes.
Eso que quedó del día dando vueltas una conversación.
Una preocupación.
Algo que nos cerró.
Ponerle el agua.
Y mira como se lo lleva.
Río abajo.
Lejos.
Sin que tenga que resolver nada.
El agua se lleva un pensamiento y otro.
Y otro.
Y cada cosa que se lleva.
Dejar.
Con más libertad.
Comadre Gilead.
Hasta que no quede nada pesado Solo vos.
El mugo suave.
Y el agua que cae.
El sueño.
Se vuelve inevitable.
¡Ahora!
Algo se apaga dentro tuyo.
Como una vela que se queda sin pabilo tenés una parte que se pasa el día vigilando.
Chequeando.
Que todo esté bien.
Tu sistema de alerta.
De noche.
A veces se queda prendido.
Aunque ya no haga falta.
Pelota.
Al lado del agua.
No hay nada que vigilar.
Nada que resolver.
Ningún peligro.
Y esa parte se da cuenta.
Se da cuenta de que puede descansar.
Y se apaga.
Solita.
Como la luz de la vela.
Que se atenúa.
Hasta quedar en oscuridad.
Y sentís como algo.
Por dentro también se apaga.
Se afloja.
Como si te desinflamaras.
Despacio.
Hacia el sueño.
Ese es tu sistema de alerta.
Descansando.
Sueño.
Se vuelve inevitable.
Y ahora vas a bajar del todo voy a contar del 10 al 1 y con cada número un poco más profundo.
Un poco más cerca del sueño.
10.
El agua te envuelve.
Nueve.
Sueñen.
El cuerpo pesa sobre el muro.
8 les conecta.
La respiración se vuelve más lenta.
Siete.
Más y más profundo.
Los párpados.
Relajados.
6.
Duerde.
El boquete.
Tibio y oscuro.
Recibe.
5 es como si flotaras.
Sueña.
En el sonido del agua.
Duerme.
Padaca.
Cada vez más lejos.
Todo suave.
Todo calmo.
Sueño.
Soy el orgullo del agua.
El bosque entero.
En paz.
Ahora.
Estás en la piedra.
Al lado del agua.
En total relajación.
Te voy a contar algo.
Mientras dormís.
En ese bosque hace mucho alguien más se recostó en esa misma piedra.
Una noche igual a esta.
Y esa persona mientras dormía se imagina un lugar.
Un lugar tibio y calmo.
Donde el tiempo nos pesaba.
Y en ese lugar que imaginó.
Había alguien que también cerraba los ojos.
Y también se dejaba llevar por un sonido del agua.
Y también.
.
.
De espacio.
Se hundía en el sueño.
Y no se sabe bien quién soñó a quién.
Si la persona de la piedra.
.
.
Con vos.
Y ya no importa saberlo.
Sólo importa el agua.
Que sigue creciendo.
Para vos.
Toda la noche.
Mañana.
Cuando abres los ojos Algo va a estar distinto.
Vas a llevar una calma parecida a la del bosque.
El día va a fluir.
Como el agua.
Hace poder con todo lo que venga.
Sin forzar.
Y vas a ver más claro.
Qu�� cosas importan.
Y cuáles se las puede llevar el agua.
Porque sabes.
Que sos una persona valiosa.
Y cuando descansas así.
.
.
Se nota.
Como te ves.
Cómo te sentís como te tratas.
Todo eso se acomoda ahora.
Solito.
Mientras el agua cae.
Verás un mañana.
¿Ahora?
Lo único que hay.
Es el mungo tibio.
El agua que cae.
Y el sueño.
Que se volvió inevitable.
Conoce a tu maestro
