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Cuento espiritual "En busca del valle perdido"

by Nadia Navarro Baltazar

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4.7
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Meditación
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Este cuento fue recogido por Ramiro A. Calle en su libro "Cincuenta libros para meditar y regalar". Se trata de una parábola que nos invita a estar y cuidar nuestro espacio interior, puesto que a menudo tenemos la tendencia de buscar en lo exterior aquello que solo se encuentra en nuestro propio valle.

Transcripción

Hola,

Hoy te voy a contar el cuento En busca del valle perdido.

En la inmensidad de la cordillera Himalaya abundan los hermosos recoletos y silientes valles paradisíacos.

En uno de ellos habitaba un grupo de personas que allí disponía generosamente de todo lo que pudiera desear.

Sabrosas frutas,

Un clima idílico,

Frondosos árboles,

Riachuelos de cristalinas aguas,

Multitud de especies de flores,

Innumerables pájaros y maravillosos trinos y una vida sumamente agradable.

Era un valle de felicidad,

Lejos del mundalán ruido,

Libre de tensiones y conflictos,

Donde reinaba la paz.

A pesar de todo ello,

En este paradisíaco valle había un joven que no era capaz de apreciar su hermosura y sosiego,

Y que a menudo se aburría insuperablemente.

Cierto día,

Su sabio padre le dijo,

Hijo mío,

¿pero no te percatas de lo afortunado que eres?

El aire es puro,

La atmósfera serena,

La gente buena y pacífica,

Los frutos de la tierra abundantes,

No hay contaminación ni violencia,

Ni ningún tipo de fricción,

Todo inspira e invita la quietud,

La dicha y la calma.

Ya lo sé,

Padre,

Repuso el joven,

Pero me aburro,

No puedo superar el tedio,

Así que no me queda más remedio,

Padre amado,

Que buscar otros lugares.

A pesar de las súplicas de su padre,

El joven no desistió de su idea y decidió partir.

Caminó durante días y días,

Cruzó montañas,

Desfiladeros,

Valles y bosques,

Hasta que llegó a una ciudad.

En la ciudad a la que accedió,

El ruido era espantoso,

La gente osca y malhumorada,

El aire poluto y maloliente.

Al principio,

El joven se divertía con la novedad,

Incluso parecía entusiasmado.

Había estruendo,

Las gentes alaban incontroladamente y a voz en grito.

Muchos fumaban,

Nos emborrachaban,

Unos peleaban contra otros,

Se insultaban o diseñaban.

Había todo tipo de diversiones y distracciones,

Pero no se veía feliz a casi nadie.

Los rostros estaban contraídos y la mirada era apagada.

Paulatinamente,

El joven se fue dando cuenta de que el aire era irrespirable y el ruido la cerraba en los oídos.

Las personas eran en su gran mayoría adustas y maleducadas,

Las diversiones burdas e incluso soeces y sórdidas.

Empezó a echar de menos el valle en el que había tenido gran fortuna de nacer.

Pensó en volver,

Pero con terror,

Descubrió que no se acordaba del camino a casa.

¿Qué hacer?

Pidió ayuda.

Acudió la policía y explicó a los agentes que anhelaba volver a su valle de nacimiento junto a su familia.

Los agentes enviaron patrullas en busca del valle del joven,

Pero todos los intentos terminaron por fracasar.

Incluso el ejército prestó su cooperación,

Pero nadie lograba dar con el minúsculo lugar en la inmensidad de la cordillera de los Himalayas.

Todos los intentos resultaron en vano y fueron muchos los que comenzaron a pensar que el muchacho estaba loco y no existía ese valle.

El joven lo había perdido para siempre.

Este cuento es una hermosa y significativa parábola.

Lo que tenemos que comprender es que el valle más sosegado y dichoso es el que podemos hallar dentro de nosotros.

Tanto nos hemos exteriorizado que como el hijo pródigo nos hemos alejado del hogar interior,

Al que un día tendremos que regresar para conciliarnos con nuestra naturaleza de iluminación interior.

Buscamos y buscamos en los objetos externos,

Sin percatarnos de que la quietud solo puede hallarse dentro de uno mismo.

En el exterior encontraremos,

Sí,

Alegría y pesares,

Diversiones y distracciones,

Pero no podremos disfrazar nuestro anhelo de paz interior y seguiremos tratando de cubrir nuestro vacío interno con todo aquello que no está capacitado para llenarlo.

Hay que saber relacionarse con la naturaleza original de la mente y mediante la práctica de la meditación y las técnicas introspectivas ir pudiendo establecerse en su fuente de calma.

El sabio Padmasambhava decía,

En su auténtico estado la mente es clara e inmaculada,

No está hecha de nada,

Sino de vacío.

Es simple,

Vacua,

Sin dualidad,

Transparente,

Sin tiempo,

No compuesta,

Ininterrumpida,

Incolora,

No comprensible como cosa separada,

Sino como una unidad de todas las cosas,

Sin embargo,

Compuesta por ellas,

De un solo sabor y más allá de toda diferenciación.

Cuando uno se instala en esa mente silenciosa,

Se experimenta esa dicha interior que es diferente al gozo que proviene del exterior y que por tanto es gozo.

© 2026 Nadia Navarro Baltazar. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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