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Meditacuento: Ambarina y las flores

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
402

Ambarina es una pequeña abeja que se siente insignificante ante la inmensidad del mundo. En su primer vuelo de polinización, descubre la belleza de las flores, el valor de su trabajo y la conexión que une a todas las abejas —y a todos los seres vivos—. A través de su viaje, aprende que incluso lo más pequeño puede sostener la vida. Un cuento dulce y reflexivo sobre cooperación, propósito y amor por la naturaleza.

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,

Donde un cuento de una meditación arrulla en tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener el pecho despejado y libre para respirar profundo,

La espaldita recta como si crecieras hacia el cielo,

Los hombros alejados de las orejas,

Las manos pueden descansar sobre tus muslos o a un costado del cuerpo,

Los pies relajados a los lados y deja que tus ojos se cierren suavemente.

Comienza a imaginar que del cielo baja una luz que va iluminando todo tu cuerpo,

Entrando por la coronilla,

La parte más alta de nuestra cabeza y es una luz que trae consigo un calorcito que va relajando todo lo que toca.

Siente cómo va relajando tu cabeza,

Tu cabello,

Va relajando la frente,

Las cejas,

Los ojos,

Las orejas,

La nariz,

Los cachetes y la boca.

Toda tu cabeza está completamente iluminada por esa luz y completamente relajada.

Siente la luz que sigue avanzando por tu cuello,

Va por toda la columna vertebral.

Va por los hombros,

El pecho,

El centro en el corazón,

El estómago,

El ombligo,

Todo nuestro tronco,

Pero también cubre los brazos,

Desde los hombros hasta cada uno de los dedos de las manos.

Y la luz continúa relajando todo y llenando de luz también tus caderas,

Tu vientre,

Las piernas,

Las rodillas,

Los tobillos,

El talón,

La planta del pie,

El empeine y cada uno de los dedos de tus pies.

Pero la luz continúa a través de los dedos de las manos y de los dedos de los pies dirigiéndose hacia abajo,

Queriendo buscar una conexión con la tierra,

Atravesando el piso y empezando a pasar por las diferentes capas de la tierra hasta llegar al centro de la tierra.

Y tú te conviertes en un puente entre la energía del cielo y la energía de la tierra.

Imagina cómo estás cargado con esa energía llena de vida,

Llena de paz,

Llena de calma.

Permite que todo tu cuerpo se sienta completamente cargado de esa energía,

Lleno de vida,

De salud,

De calma y de relajación.

Estás completamente a salvo y no necesitas hacer ningún esfuerzo en estos momentos.

Permite que la calma invada tu cuerpo.

Suelta esa imagen que tenemos sobre la luz y concéntrate en tu respiración.

Nota si está calmada,

Pausada,

Rápida,

Corta.

Deja un momento de pensar en la respiración y ahora sólo siente la sensación de calma y tranquilidad.

Mantén los ojos cerrados,

Tu cuerpo quieto,

Sólo activa los oídos y permite que vuele tu imaginación.

Este metacuento se llama Ambarina y las flores.

Ambarina nació una mañana tibia dentro de una colmena,

La colmena más perfumada del valle.

Todo a su alrededor era dorado,

Suave y brillante.

Las paredes de cera parecían brillar con la luz del sol que se filtraba entre las ramas del viejo roble que las protegía.

Desde que era una larvita,

Ambarina escuchaba el zumbido constante de las demás abejas.

Ese sonido llenaba el aire como una canción sin principio ni fin.

Juntas somos más.

Cuando por fin sus alas estuvieron listas,

La reina abeja la llamó con una voz profunda y dulce.

Ambarina,

Ha llegado tu momento.

Hoy harás tu primer viaje fuera de la colmena.

Ambarina sintió un cosquillo en su estómago.

¿Mi primer vuelo?

Preguntó con una voz de hilo.

¿Y si no soy tan buena como las demás?

¿Y si mis alas se cansan?

¿Qué puedo hacer yo tan pequeña en un mundo tan grande?

La reina sonrió.

Cada abeja cumple una misión única,

Pero ninguna trabaja sola.

Cuando vueles,

Recuerda.

El aire,

Las flores y todas nosotras estaremos siempre contigo.

Esa mañana,

Ambarina se acercó a la entrada de la colmena.

El sol la cegó por un instante y frente a ella apareció el mundo,

Un mundo enorme,

Praderas doradas,

Montañas lejanas y un mar de flores de todos los colores.

Sintió que el viento la empujaba suavemente y se atrevió.

Sus pequeñas alas comenzaron a batir una,

Dos,

Tres veces y de pronto estaba volando.

El aire le rozaba las antenas y olía a miel,

A hierba y a verano.

Desde lo alto veía flores de lavanda,

Tréboles,

Margaritas y girasoles que se movían al compás del viento.

¡Qué inmenso es todo esto!

¡Yo soy un puntito en medio de esta gran inmensidad!

Pero una flor,

Una flor azul profundo llamó su atención,

Especialmente por su perfume.

Así que Ambarina dejó ese pensamiento y decidió descender despacio y posarse en su pétalo.

Hola,

Pequeña viajera.

Parecía que le decía a la flor,

Me alegra verte.

Ambarina hundió su trompa en el corazón de la flor y probó su néctar dorado.

Era dulce y cálido.

Al moverse notó que un polvo amarillo se pegaba de sus patitas.

Era el polen.

Sin pensarlo voló cerca de otra flor y sin saberlo dejó allí un poquito de ese polen,

De ese polvito mágico.

Entonces entendió algo.

Sin quererlo,

Al ella estar pasando de flor en flor estaba ayudando a que nacieran nuevas flores.

¡Estoy uniendo las flores!

Gritó con alegría.

Siguió volando.

Voló todo el día de flor en flor,

Escuchando el canto que había en los campos y el zumbido de otras abejas que trabajaban junto a ella.

De pronto se detuvo nuevamente sobre un pétalo de una amapola y miró alrededor.

Habían cientos,

Miles,

Millones de flores.

Y sobre ella cientos,

Miles y millones de abejas.

Y cada abeja estaba compartiendo su propósito.

Entonces se quedó pensando.

Quizás no soy tan pequeña.

Siguió volando y cuando el sol comenzó a esconderse Ambarina regresó a casa.

El aire olía a miel recién hecha y dentro de la colmena el trabajo no se detenía.

Unas abejas andaban con sus alas para espesar el néctar,

Otras cuidaban las crías y las guardianas saludaban a cada una de las que volvía del campo.

¡Bienvenida Ambarina!

Dijo Zula,

Su mejor amiga.

¿Cómo te fue en tu primer día?

Creo que entendí algo muy importante,

Dijo Ambarina.

Creí que era demasiado pequeña para hacer algo importante en este mundo tan gigante,

Pero descubrí que cada vuelo,

Cada flor que visito va cambiando un poquito el mundo.

Zula asintió.

Por supuesto que sí,

La miel que hacemos guarda el trabajo de todas las flores y cada flor existe gracias a una abeja,

A una abeja que confió en su vuelo.

Todo está conectado a la verdad.

Tú y yo,

Las flores,

El sol,

La lluvia,

Hasta los niños que comen las frutas que nacen gracias a nosotros.

Esa noche la colmena se llenó de un murmullo suave.

Ambarina se acurrucó junto a las demás.

Sentía el calor del grupo y desde una rendija vio el cielo y vio como millones de estrellas parpadeaban y eran diminutas,

Pero eran infinitas.

Entonces cerró los ojos y se quedó con este pensamiento.

Cada una de esas estrellas brillaba a su manera,

Pero juntas iluminaban la oscuridad de la noche y pensó que ellas,

Aunque eran pequeñas,

También eran como estrellas porque juntas sostenían el mundo.

Entonces se durmió soñando con flores,

Con colmenas y con ese dulce secreto de saber que eran muchas trabajando por algo en conjunto y eso las hacía gigantes.

Y hasta aquí el meditacuendo de hoy.

Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo y que recuerdes que nosotros somos como esas abejas,

Que aunque a veces nos sintamos diminutos ante el mundo,

Cada pequeña acción que hacemos,

Cada sonrisa,

Cada palabra se convierte en parte de este gran universo y juntos podemos hacer acciones gigantes,

Juntos podemos cambiar el mundo,

Juntos podemos hacer que el mundo sea un lugar mejor.

Mientras tanto vete a soñar con todas estas abejas que unidas hace que florezcan los campos,

Que luego se generen frutas que podamos comer y en general sostienen todo nuestro ecosistema.

Y yo te deseo dulces y profundos sueños.

© 2026 Cindy Vanessa Parra. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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