
Meditacuento: El Invierno de Bruno
Hola y bienvenidos a un nuevo capítulo de los meditacuentos. Hoy tenemos la historia de Bruno, un pequeño oso curioso, no quiere dormir durante el invierno. Pero el bosque, el viento y el frío le enseñarán que descansar también es parte del crecimiento y del cuidado de uno mismo.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,
Donde un cuento de una meditación arrulla en tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura cómoda,
En la que puedas tener la espaldita derecha,
Que los hombros se alejen de las orejas,
Los brazos dejan que descansen a los lados de tu cuerpo y cierra con un suspiro los ojos.
Vamos a comenzar a permitir que todo nuestro cuerpo descanse y se relaje,
Imaginando que desde el cielo baja una suave luz,
Una luz celeste que contiene un brillo especial.
Es un brillo que está lleno de paz,
Que nos hace sentir en calma y seguros y seguras.
Siente como ese brillo baja del cielo y empieza a entrar por tu coronilla,
La parte más alta de tu cabeza,
Y de ahí va bajando por tu frente,
Por los ojos,
La nariz,
Pasa por las orejas,
La boca,
Los cachetes,
El mentón,
Y tienes todo tu rostro,
Toda tu cabeza cubierta de esa luz celeste,
Cubierta de paz,
De seguridad.
Y la luz baja por tu cuello y garganta,
Va al pecho,
A los hombros,
Baja por todos los brazos,
Los codos,
Antebrazos,
Muñeca,
Palma de la mano,
Dorso,
Y va a cada uno de los deditos de tus manos.
Y la luz continúa bajando del pecho al abdomen.
Baja también por toda tu espalda,
Siguiendo toda tu columna vertebral.
Baja hasta el vientre y las caderas.
Y todo tu tronco y tus brazos están llenos de esta luz celeste,
De este brillo de paz y seguridad.
Y la luz continúa bajando por las piernas,
Las rodillas,
Las pantorrillas,
Tobillo,
Talón,
Planta,
Peine,
Y cada uno de los deditos de tus pies.
Y sientes como todas tus piernas están completamente llenas de esta luz celeste,
De esta luz de paz.
Y tómate un momento para sentir tu cuerpo completamente bañado con esa luz,
Completamente relajado,
Lleno de paz,
De calma y de seguridad,
Desde los dedos,
De los pies hasta la cabeza.
Y esa luz va también a lo profundo de tu corazón,
Y se guarda ahí,
Recordándote que desde el corazón tienes ese poder de llenar el cuerpo de calma y de tranquilidad cada que lo necesites.
Continúa con esta sensación,
Con la quietud del cuerpo,
Con los ojos cerrados,
Una respiración suave,
Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.
Este meditacuento se llama El invierno de Bruno.
Era el final del otoño y el bosque se había pintado de un color como a cobre y miel.
Las hojas crujían bajo las patas de Bruno,
Un oso joven y curioso que no entendía por qué todos hablaban de dormir por tantos meses.
¿Dormir todo el invierno?
¡Qué aburrido!
Groñía mientras empujaba una piña con la pata.
El aire ya olía a leña y tierra húmeda,
Y pequeñas nubes blancas salían de su hocico cada que suspiraba.
Su madre,
Una gran osa de pelaje espeso y mirada serena,
Se acercó despacio.
El bosque se apaga un poco,
Bruno.
Es tiempo de descansar.
Pero yo quiero seguir jugando.
Todavía hay cosas por descubrir.
A veces descansar también es descubrir,
Decía su mamá con ternura.
Pero Bruno no escuchó.
Siguió explorando entre los árboles mientras las artillas guardaban las últimas nueces y los erizos se currucaban bajo las raíces.
El bosque entero parecía prepararse para algo invisible.
Entonces llegó la noche y el viento comenzó a soplar con fuerza.
Las ramas se agitaban como si hablaran entre sí,
Y Bruno subió a su roca favorita y miró al cielo.
Y una delgada luna flotaba entre las nubes.
De pronto escuchó una voz suave.
Bruno,
¿por qué no descansas?
Era el viento del norte,
Que tenía una voz suave y parecía que trajera un olor a hielo.
Porque quiero vivir más cosas,
No perderme de nada,
Respondió el osito con un poquito de miedo.
A veces vivir más es detenerse,
Decía el viento que pasaba sobre su lomo y lo envolvía como si tuviera una manta invisible.
Bruno sintió un escalofrío que no era solo frío.
Entonces,
Cansado,
Buscó su cueva.
Su cuerpo estaba pesado,
Sus párpados parecía que se cerraran solos.
Al amanecer,
Todo estaba cubierto de escarcha.
Bruno volvió a salir,
Decidido a no dormir.
Sus patas se hundían entre la nieve,
Los árboles estaban en silencio y nadie,
Absolutamente nadie quedaba despierto.
Entonces escuchó un leve crujido.
Era Lía,
Una pequeña ardilla que aún buscaba hojas secas para su nido.
Bruno,
¿no sientes como el bosque te está hablando?
Hablarme,
¿qué dice?
Dice,
Descansa pequeño,
No todo se trata de correr,
Le dijo la ardilla.
Entonces Bruno miró a su alrededor.
Todo brillaba bajo un velo de hielo y por primera vez sintió ganas de no moverse,
Sintió ganas de detenerse.
Entonces volvió a su cueva.
Su cuerpo estaba respirando lenta y profundamente.
Bruno se acomodó junto a ella.
El suelo estaba tibio y el corazón latía despacio.
Cerró los ojos y empezó a escuchar su respiración,
Que se mezclaba con la respiración del bosque.
Un,
Dos,
Tres inhalaciones suaves y el aire frío entraba,
Pero el aire caliente salía.
Y en su mente escuchó otra vez la voz del viento.
Dormir también es crecer.
Entonces Bruno sonrió.
Estaba medio dormido y cansado.
En su interior algo se acomodó,
Un entendimiento nuevo,
Redondo y sereno.
Y mientras dormía,
Bruno soñó que era una semilla bajo la tierra,
Que esperaba el sol,
Que esperaba que llegara este final,
Que era más un descanso,
Un descanso para que volviera a empezar un comienzo tranquilo.
Cuando el invierno terminó y los primeros rayos tibios tocaron la cueva,
Bruno se desperezó.
Su cuerpo se sentía fuerte,
Ligero y lleno de energía.
Afuera del bosque despertaba con él.
¡Oh,
Tenías razón,
Mamá!
¿Sobre qué?
Preguntó ella,
Abriendo los ojos.
Descansar también es descubrir.
Y los dos empezaron a reír bajito,
Mientras el canto de los pájaros empezaba a anunciar la vida de regreso allá afuera.
Y hasta aquí el bendita cuento de hoy.
Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo y que recuerdes como Bruno que hay tiempos de descansos muy necesarios para recargar nuestro día,
Nuestro cuerpo,
Nuestra energía,
Pero también descansar nos permite descubrir nuevas cosas.
Soñar incluso nos permite aprender y consolidar lo que hemos aprendido durante el día.
Así que por supuesto hoy te deseo que tengas un profundo sueño y un sueño reparador como el que tuvo Bruno.
Conoce a tu maestro
5.0 (15)
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