
Meditacuento: Saltos del Viento
En una pradera dorada vive Sara, una joven saltamontes que sueña con llegar a la colina más alta. Pero cuando el viento cambia sus planes, descubre un camino inesperado lleno de belleza y aprendizaje. Un meditacuento sobre la flexibilidad, la confianza en los cambios y la magia de reinventarse cuando algo no sale como esperabas.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener la espaldita derecha,
Que el pecho esté libre para respirar profundo,
Que los hombros se alejen de las orejas y las manos puedes dejarlas que estén sobre tus piernas o a un costado.
Cierra suavemente tus ojitos.
Comienza a sentir tu cuerpo y esta vez enfócate en lo que puedes escuchar,
En los sonidos que hay a tu alrededor.
Trata de identificar el sonido más lejano que puedas percibir.
Puede ser un perro que ladra,
Algún coche que pasa o personas que se encuentran cerca de tu casa.
Solo escucha,
No vamos a pensar si ese sonido nos gusta o nos molesta,
Solamente lo estamos escuchando.
Ahora enfócate en sonidos más cercanos,
El sonido de mi voz,
El sonido de la música,
Quizás el sonido de tu propia respiración o de la respiración de las personas que tienes cerca de ti.
Recuerda solamente estamos escuchando.
Vamos un poco más profundo a tratar de escuchar el sonido de nuestro corazón.
Y si quizás no lo sentimos,
Entonces imaginemos cómo resuena cada que bombea sangre a todo el cuerpo.
Y siempre lleva un ritmo constante,
Tuk tuk,
Tuk tuk,
Tuk tuk.
Siente como con cada respiración profunda el sonido se hace más suave,
Más lento y pausado.
Porque a medida que respiras y te concentras tu cuerpo se va relajando y los latidos de tu corazón también se van relajando.
Ahora trata de identificar todos los sonidos que puedas identificar,
Lejanos,
Cercanos,
Agradables o desagradables.
Percibe todo a tu alrededor como si fuera una gran banda sonora de este momento presente.
Nota que tu cuerpo se ha relajado por completo,
Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
Mantén esta sensación de calma y tranquilidad.
Así también conserva tus oídos activos,
Atentos a todos los sonidos y permite que vuele tu imaginación.
Este meditacuento se llama Saltos del Viento.
El amanecer se abría en una pradera en el que los grillos cantaban y el rocío perfumaba la mañana.
Las gotas dormidas sobre las hojas brillaban como diminutas estrellas que no querían apagarse.
Entre esa pradera vivía Sara,
Una joven saltamonte de patas finas y una mirada soñadora que cada mañana despertaba con una sola idea,
Llegar a la gran colina dorada.
Decían los mayores que desde su cima se podía ver todo el valle,
Los campos de flores y el río que serpenteaba hasta perderse en el horizonte.
Para Sara,
Aquello no era solo un destino,
Era una promesa,
Porque si lograba llegar,
Sabría quién era y qué lugar tenía en el mundo.
Así que cada día practicaba.
Saltaba desde una piedra,
Luego saltaba desde un tallo y después desde un tronco que crujía bajo sus patas.
Contaba los metros que alcanzaba,
Ajustaba su impulso y repetía una y otra vez.
Su mejor amiga era Samanta,
Quien la acompañaba siempre desde el borde de las hojas.
—¡Sara,
¿por qué te empeñas tanto?
El viento cambia cada instante,
¿y tú quieres que él te obedezca?
—Porque tengo un sueño,
Respondía Sara,
Y los sueños no se alcanzan quedándose quieta.
Y así se la pasaban.
Durante semanas continuaron los intentos.
Sara saltó bajo el sol ardiente,
Bajo la lluvia que la empapaba y bajo el cielo gris de esos días en que el día parece cansado.
Pero siempre algo la detenía.
Una ráfaga contraria,
Una rama demasiado alta o una hoja que se resbalaba.
A veces caía tan lejos del punto de partida que no sabía cómo regresar.
—Tal vez ese no es el camino,
Le decía Samanta cada que la veía llegar cubierta de polvo o lastimada.
—No,
Contestaba Sara,
Si algo no funciona es que hay que esforzarse más.
Pasaron los días y con ello empezaron a cambiar las estaciones.
El viento cambió de dirección y la pladera se volvió más densa.
Las flores crecieron,
Ocultando los senderos que antes eran visibles.
Una tarde,
Mientras Sara preparaba su salto más grande,
Una tormenta comenzó a formarse en el horizonte.
Hasta el aire parecía traer electricidad,
Así que Samanta intentó detenerla.
—Es peligroso,
Espérate hasta mañana.
Pero Sara,
Sara ya había tomado el impulso.
Saltó con todas sus fuerzas y el viento rugió y en un abrir y cerrar de ojos fue arrastrada hacia el otro lado.
El cielo giró,
Las gotas caían como agua brillante y cuando por fin Sara tocó el suelo,
Estaba en un lugar completamente diferente.
Ya no había flores conocidas ni cantos familiares,
Solo hojas gigantes que se mecían sobre su cabeza y un sonido lejano del agua cayendo.
Entonces,
Sara sintió miedo.
Había saltado hacia un sueño y estaba perdida.
Durante un rato caminó sin rumbo,
Buscando señales para poder regresar,
Pero el terreno era nuevo,
Más húmedo,
Más oscuro,
Lleno de caminos que se dividían.
Entonces,
Entre las sombras,
Escuchó una voz suave.
—¿Estás bien?
Era Samanta que había salido a buscarla.
—Creí que nunca te encontraría,
Susurró Sara con los ojos llenos de lágrimas.
Todo lo que hice para llegar a la colina dorada y terminé en este sitio tan distinto,
Tan equivocado.
Samanta la miró con ternura.
—¿Equivocado?
Dijo sonriendo.
—Mira a tu alrededor.
Sara levantó la vista.
A su alrededor,
Miles de luciérnagas encendían el aire con su luz.
Había flores que nunca había visto,
Con pétalos que brillaban en la oscuridad como si guardaran reflejos de la luna.
Había un río cristalino y sobre él,
Libélulas danzantes,
Reflejando el resplandor de las estrellas.
Entonces,
Sara respiró hondo.
Sintió el aire fresco,
El aire distinto y el sonido del agua que le dio paz.
—No es la colina dorada,
Dijo Sara,
Pero es hermoso.
—A veces,
Respondió Samanta,
Cuando nos empeñamos en un solo camino,
No dejamos que la vida nos muestre otros lugares.
Tal vez este salto no te alejó de tu sueño.
Tal vez te trajo justo a donde debías estar.
Sara sonrió,
Dejando que una gota de lluvia resbalara por su mejilla,
Comprendiendo que el viento no la estaba traicionando.
El viento simplemente le había mostrado otra dirección.
Esa noche,
Las dos amigas se quedaron mirando las luciérnagas hasta quedarse dormidas.
Y al amanecer,
El primer rayo del sol cruzó el bosque y cayó justo sobre ellas,
Llenando de oro el suelo.
Sara se dio cuenta de que de alguna forma había llegado a la colina dorada,
Solo que no era lo que ella imaginaba.
Desde entonces,
Cada vez que un joven saltamontes se quejaba de que su salto no había sido como esperaba,
Sara le contaba su historia.
A veces el camino A no es el que te lleva,
Pero el camino B puede ser incluso más hermoso si te atreves a mirarlo con el corazón abierto.
Y hasta aquí el meditacuento de hoy.
Te invito a que pienses por un momento en Sara.
Que des también tú un salto permitiendo que el viento te lleve a donde tengas que llegar.
Y que confíes en que,
Aunque a veces se dividen los caminos o cambian,
Siempre encontramos la manera de llegar a ese nuestro destino,
Que puede ser muy diferente al que siempre pensamos,
Pero seguro será el ideal para nosotros.
Así que es una invitación a cambiar,
A confiar y a ser un poco flexible cuando las cosas no salen como pensamos.
Mientras tanto yo deseo hoy que te puedas dormir y que sueñes profundamente.
Conoce a tu maestro
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