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Meditacuento: Vacuna Invisible

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
4.8
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
400

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de los meditacuentos, hoy te traigo una historia que puede resultarte familiar, es de un niño que no queria sentir rabia nunca más así que decide vacunarse, pero las cosas no resultan como el esperaba. Espero que lo disfrutes tanto como yo.

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos,

Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas,

Que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener tu espaldita derecha,

Que los hombros estén alejados de las orejas,

Deja que los brazos descansen sobre tus piernas o a un costado y suavemente cierra tus ojos.

Respira despacio por la nariz y saca el aire también por la nariz.

Permite que durante todo este momento que vamos a estar escuchando,

La respiración siempre sea por la nariz,

Para que el intercambio de oxígeno en nuestro cuerpo sea más largo y profundo.

Y así se va calmando todo nuestro cuerpo,

Se calma nuestro ritmo cardíaco,

Se calman las pulsaciones del corazón y se calman también los pensamientos.

Siente todo tu cuerpo en la superficie en la que estás,

Sentado o acostado,

En una silla,

En la cama,

Sobre un tapete.

Esa superficie es tu soporte,

Es tu lugar seguro,

Te sostiene y tú no necesitas hacer ningún esfuerzo,

Porque te está sosteniendo.

Así que relaja las piernas,

Deja que se pongan pesadas,

Incluyendo los pies,

Relaja todo el tronco,

Toda la espalda y la columna vertebral en todo su largo.

Y cuando pienses en ella,

En ese huesito que va por la mitad de nuestro cuerpo,

Alárgate un poco más.

Deja que descansen tus brazos,

Incluyendo las manos,

Que se vuelvan pesados,

Que el suelo los soporte,

O tu cama o la silla.

Deja que la cabeza también descanse,

Que todo el peso se vaya hacia la tierra,

No necesitas hacer ningún esfuerzo,

Todo tu cuerpo está siendo sostenido,

Solo necesitas permitir que el cuerpo se relaje,

Soltar cualquier tensión o preocupación y disfrutar de este momento de relajación.

Siente como la respiración se hace lenta y pausada,

Como todo tu cuerpo parece que se fuera silenciando,

Durmiendo o simplemente relajando.

Conserva esta sensación de calma y tranquilidad,

Siempre respirando despacio por la nariz.

Deja que la respiración vaya a su propio ritmo,

Pero que continúe siendo por la nariz,

Mantén los ojos cerrados,

Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.

Este meditat cuento se llama Vacuna Invisible.

Era sábado en la mañana y Tomás estaba muy emocionado porque llevaría a su perrito Chispas al veterinario.

Chispas era un cachorro travieso,

Con orejas caídas y ojos brillantes como si fueran canicas negras.

Mientras caminaban hacia la clínica,

Tomás los llevaba con la correa y aunque el perrito parecía loco y tiraba en todas las direcciones,

Olía cada piedra y cada hoja,

Tomás seguía con él.

Al entrar,

El lugar olía limpio y se escuchaban algunos ladridos suaves de otros perros que se encontraban allí.

La doctora veterinaria recibió a Tomás y su perrito con una gran sonrisa y de inmediato se agachó y acarició la cabeza de Chispas.

Hoy le pondremos una vacuna contra la rabia,

Le dijo la veterinaria mientras preparaba la jeringa.

Esta vacuna es muy importante porque protege a tu perrito de una enfermedad muy grave.

Así no se va a enfermar él y tampoco va a enfermar a nadie que esté con él.

Tomás solo miraba con asombro lo que estaba sucediendo.

Era la primera vez que tenía un cachorro.

¿Una vacuna contra la rabia?

Entonces nunca se va a enojar.

La doctora se rió.

No,

No es esa rabia.

No es la que sentimos las personas cuando nos enojamos.

Esta es una enfermedad,

Aunque también se llama así,

Rabia.

Pero sí,

Después de la vacuna,

Chispas estará más seguro.

Tomás se quedó en silencio.

¿Una vacuna contra la rabia?

Siguió pensando.

Sería muy bueno.

Sería muy bueno que yo no sintiera eso que me da a mí cuando,

Por ejemplo,

En el equipo de básquet no me dejan jugar.

Y así se quedó pensando.

Unos días después,

A Tomás le tocó también ir al médico con su mamá para que ahora él recibiera sus vacunas.

Mientras la enfermera sacaba la aguja,

Tomás recortó lo que la veterinaria le había dicho.

Y pensó,

Seguro que aquí también me van a poner la vacuna contra la rabia.

Y esta sí es la vacuna de rabia de humanos.

Pero no le dijo a nadie.

Qué alivio,

Ya no voy a sentir más rabia.

Se quedó pensando.

Cerró los ojos,

Apretó los labios y dejó que la aguja hiciera su trabajo.

Sí le dio un poquito de miedo,

Pero fue valiente.

Y más pronto de lo que pensaba,

La enfermera terminó y le dijo,

Listo.

Y él por dentro pensó,

No tendré rabia nunca más.

Y así fueron pasando los días y las prácticas de básquet seguían siendo día con día el momento que más disfrutaba Tomás.

En la cancha,

Los balones rebotaban con mucha fuerza y las zapatillas chirriaban en el piso de madera.

Pero también sonaban las risas de los compañeros en el aire.

Tomás se sentaba en la banca,

Apretaba los dedos contra las rodillas y veía como una y otra vez elegían a todos para jugar,

Pero menos a él.

El entrenador,

Con su silbato colgado en el cuello,

Gritaba siempre instrucciones.

Pablo,

Entra tú.

Martín,

Ahora tú.

Pero nunca decía,

Tomás,

Es tu turno.

Y cuando lo miraba,

Parecía que él fuera transparente.

Cada vez que lo dejaban afuera,

Tomás sentía una presión en el pecho,

Como un globo que se estaba inflando,

Inflando,

Inflando.

Pero él decía,

No debo enojarme,

Ya me vacunaron,

No puedo sentir nada.

Y entonces se tragaba sus ganas de llorar,

Se tragaba su enojo,

Mordía la parte adentro de su cachete y se quedaba en silencio.

Un día,

Después de varias prácticas,

Mientras corría solo por el calentamiento,

Sintió un dolor extraño en la espalda.

Era como si un nudo gigante lo apretara,

Como si todo lo que se había guardado se hubiera convertido en una piedra,

En una piedra pesada.

Entonces se dobló un poco y se detuvo.

¿Qué te pasa,

Tomás?

Le preguntó un compañero.

Nada,

No es nada,

Respondió él,

Aunque sabía que sí era algo.

El dolor se hacía más fuerte y más fuerte.

Y cuando llegó a casa,

Apenas podía moverse.

Su mamá,

Entonces muy preocupada,

Le preguntó.

Hijo,

¿qué te sucede?

Tomás bajó la mirada.

No querían que nadie supiera lo que le pasaba.

En realidad estaba muy enfermo,

Pero sospechaba que la enfermedad era algo más que solo su cuerpo físico.

La siguiente semana,

Durante un partido amistoso,

Todo explotó.

El entrenador volvió a gritar.

Martín,

Entra.

Pablo,

Ahora tú.

Y una vez más,

Tomás estaba sentado en la banca.

El balón estaba frío en sus manos porque no podía rebotar,

Y el globo que crecía dentro de sus pechos se infló tanto que ya no pudo más.

De repente,

En pleno calentamiento,

Se levantó y gritó con todas sus fuerzas.

No es justo,

Entrenador.

Nunca me dejas jugar.

Yo también puedo hacerlo bien.

El gimnasio entero se quedó en silencio.

Todos los compañeros estaban sorprendidos.

El entrenador incluso se quedó con el silbato en la boca,

Observándolo unos segundos.

Tomás,

No sabía que te sentías así.

Gracias por decírmelo.

No es mi intención dejarte fuera del juego.

Está bien,

Ahora vas a entrar.

Demuéstrame todo lo que puedes hacer.

El corazón de Tomás latía tan fuerte que parecía que iba a salirse del pecho.

Entró a la cancha con las manos temblorosas,

Pero cuando tuvo el balón entre sus dedos,

Se sintió ligero,

Como si esa piedra de la espalda se hubiera ido.

Corrió,

Esquivó,

Dribló,

Lanzó y encestó.

Sus compañeros aplaudían y lo animaban,

Y en ese instante comprendió algo muy importante.

No existía una vacuna contra la rabia.

Y la rabia realmente no era una enfermedad de la que tenía que protegerse con una aguja.

Era un sentimiento,

Una señal,

Y si la guardaba y la seguía tragando como hacía hasta ahora,

Simplemente se iba a transformar en dolor o en explosión,

Como sucedió esta vez.

Entonces,

Mientras terminaba el juego,

Pensaba que de ahora en adelante tendría mejor que respirar hondo para explicar con palabras ese sentimiento,

Llorar si es que lo necesitaba,

O incluso pidiendo un momento para estar solo.

Solo así,

La rabia se convertía en algo más,

En fuerza,

En claridad,

O en una posibilidad para cambiar algo que le parecía tan injusto.

Esa noche cuando llegó a casa,

Tomás saludó a Chispas y le acarició su cabeza,

Y le susurró,

¿sabes,

Chispas?

Tú tienes una vacuna contra la rabia,

Y yo no.

La mía tiene que ser una vacuna diferente,

Invisible,

Una vacuna que me permita decir lo que siento y no guardármelo nunca más.

Chispas solo movía la cola y le lamía la cara,

Parecía que le estuviera entendiendo perfectamente.

Pero,

Definitivamente Tomás sí estaba entendiendo que la rabia no era algo que debía esconderse,

Sino algo con lo que podía actuar,

Algo que necesitaba escuchar,

Expresar y transformar.

Y hasta aquí el medita cuento de hoy.

Espero que recuerdes que no existe una vacuna contra la rabia.

La ira,

El enojo,

La tristeza,

Esos sentimientos que son tan incómodos,

Son importantes de sentirlos,

Porque siempre nos están avisando de algo que sucede.

Casi siempre los enojos suceden frente a cosas injustas,

Y es una invitación para actuar.

Puedes actuar hablando,

Puedes actuar a través del llanto,

Puedes actuar teniendo un momento solo,

O parándote frente a esas cosas que te parecen injustas y haciendo algo para cambiar.

Espero que hoy te quedes con esa reflexión,

Pensando en esta divertida historia de Tomás,

Pero también en las maneras en que tú puedes usar tu rabia para mejorar tu día a día.

Espero que hayas disfrutado de este medita cuento tanto como yo,

Y que te vayas hoy a la cama tranquilo,

Y que puedas dormir profundamente.

4.8 (12)

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October 1, 2025

Bueno 👍🏼

Silvina

September 24, 2025

Bella historia

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