
Meditacuentos: el Traje Nuevo del Emperador
¡Hola! Bienvenidos a otro capítulo de los meditacuentos. Hoy tenemos otro capítulo de la serie cuentos clásicos escritos por Hans Christian Andersen. Una historia muy divertida sobre las apariencias y la honestidad. Espero que lo disfrutes y gracias por meditar conmigo.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de los meditacueni.
Este espacio ha sido diseñado especialmente para que lo disfrutes y te relajes,
Así que ponte cómodo,
Busca la postura que prefieras,
Sentado o acostado,
Trata de que todo tu cuerpo se encuentre suelto y relajado,
Que no haya ninguna tensión y para ayudarnos en esa tarea vamos a hacer unos ejercicios de respiración.
Vas a comenzar a tomar el aire por tu nariz,
Llevándolo hasta tu estómago,
Siente cómo se infla todo el abdomen,
Ahora deja salir el aire por tu boca,
Lento y suave,
Se toma el aire por la nariz,
Llévalo hasta el abdomen,
Deja salir el aire por la boca,
Vamos una última vez a tomar el aire,
Inhalando mucha calma y tranquilidad,
Exhala dejando salir cualquier tensión o preocupación.
Ahora estamos listos para comenzar.
El cuento de hoy se llama el traje nuevo del emperador.
Hace muchos años había un emperador tan aficionado a los trajes nuevos que gastaba todo su dinero en vestir con la máxima elegancia.
No se interesaba por sus soldados,
Ni le atraía el teatro,
Ni siquiera le gustaba pasear en coche por las noches,
A menos que fuera para lucir sus trajes nuevos.
Tenía un vestido distinto para cada hora del día y de la misma manera que se dice que un rey se encuentra en el consejo,
De él se decía siempre el emperador está en el ropero.
La gran ciudad en que vivía estaba llena de entretenimientos y era visitada a diario por numerosos turistas,
Pues resulta que un día se presentaron dos truanes que se hacían pasar por tejedores,
Asegurando que sabían tejer las telas más maravillosas que pudieran imaginarse.
No sólo los colores y los dibujos eran de una insólita belleza,
Sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían una maravillosa virtud,
Pues se convertían en invisibles para todos aquellos que no fuesen merecedores de su cargo o que fueran irremediablemente estúpidos.
Deben ser magníficos esos vestidos,
Pensó el emperador,
Si yo los pudiera tener podría averiguar qué funcionarios del reino son indignos del cargo que desempeña,
Podría distinguir a los listos de los tontos,
Creo que debo encargar inmediatamente que me hagan un traje.
Así que el emperador entregó mucho mucho dinero a los estafadores para que comenzaran a hacer su vestido,
Instalaron de inmediato dos telares y comenzaron a simular que trabajaban en ellos,
Aunque realmente estaban totalmente vacíos,
Con toda urgencia exigieron las sedas más finas y el hilo de oro de la mejor calidad,
Guardaron en sus alforjas todo esto y trabajaron en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.
Me gustaría saber lo que ha avanzado con la tela pensaba el emperador pero se encontraba un poco confuso en su interior al pensar que de pronto era tonto e indigno porque no veía lo que estaban tejiendo,
No es que tuviera dudas sobre sí mismo pero por si acaso prefería enviar primero a otro para ver cómo andaban las cosas,
Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela y todos estaban deseosos de ver lo tonto o lo inútil que era su vecino.
Enviaré a mi viejo ministro a que visite los tejedores,
Pensó el emperador,
Es un hombre honrado y el más indicado para saber si el trabajo progresa pues tiene buen juicio y no hay quien desempeñe el cargo como él.
Así que el viejo y digno ministro se presentó en la sala que estaba ocupada por esos dos pícaros los cuales seguían fingiendo que trabajaban en los telares vacíos.
Dios me guarde,
Pensó el viejo ministro abriendo los ojos como platos,
Pero si no veo nada pero tuvo buen cuidado en no decirlo.
Los dos estafadores le pidieron que se acercara y le preguntaron si no encontraba precioso el color del dibujo,
Al decirlo le señalaban el telar vacío y el pobre ministro seguía con los ojos desencajados pero sin ver nada puesto que en realidad no había nada.
Dios mío,
Pensó,
¿seré tonto acaso?
Jamás lo hubiera creído y nadie tiene que saberlo,
Es posible que sea inútil para mi cargo,
No debo decirle a nadie que no he visto nada de la tela.
¿Qué?
¿no decís nada del tejido?
Preguntó uno de los pillos.
Oh,
Es precioso,
Maravilloso,
Respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes.
¿Qué dibujos y qué colores?
Desde luego diré al emperador que me ha gustado extraordinariamente.
¿Cuánto nos complace?
Dijeron los tejedores dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo.
El viejo ministro tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetírselas al emperador y así lo hizo.
Así que los estafadores volvieron a pedir más dinero,
Más seda y más oro ya que lo necesitaban para seguir tejiendo.
Lo almacenaron en sus maletas pues ni una hebra se empleó en ese telar y ellos continuaron como antes trabajando en el telar vacío.
Poco tiempo después el emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado del tejido y a informarse si el traje quedaría listo pronto.
Al segundo le ocurrió lo primero que al primero miró y remiró pero como en el telar no había nada no pudo ver.
¿Precioso tejido verdad?
Preguntaron los dos tramposos señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.
Yo no soy tonto pensó el funcionario luego será mi alto cargo el que no me merezco qué cosa tan extraña pero es mejor que nadie se dé cuenta.
Así que elogió la tela que no veía y expresó su satisfacción por aquellos hermosos colores y aquel precioso dibujo.
Es digno de mi admiración informó al emperador.
Todos hablaban en la ciudad de la espléndida tela tanto que el mismo emperador quiso verla antes de que la sacaran del telar.
Seguido de una multitud de personajes distinguidos entre los cuales figuraban los dos viejos y buenos funcionarios que habían ido antes se encaminó a la sala donde se encontraban los dos pícaros los cuales continuaban tejiendo afanosamente aunque sin una sola hebra de hilo.
¿Verdad que es admirable?
Preguntaron los dos honrados funcionarios.
Fíjese su majestad en esos colores y esos dibujos y señalaban el telar vacío creyendo que los demás lo verían perfectamente.
¿Qué es esto?
Pensó el emperador.
Yo no veo nada esto es terrible ¿seré tonto o será que no merezco ser emperador?
Resultaría espantoso si fuese así.
¡Oh bellísima tela!
Dijo en voz alta.
Tiene mi real aprobación y con un gesto de agrado miraba el telar vacío sin decir ni una palabra de que en realidad no veía nada.
Todo el séquito miraba y remiraba pero ninguno veía absolutamente nada no obstante exclamaban como el emperador ¡Oh es bellísima!
Y le aconsejaron que se hiciese un traje con esa tela nueva y maravillosa para estrenarlo en la procesión que debía celebrarse próximamente.
Es preciosa y elegantísima,
Estupenda,
Corría de boca en boca y todos estaban entusiasmados con ella.
Así que el emperador concedió a cada uno de los dos bribones una cruz de caballero para que las llevaran en el ojal y los nombró caballeros tejedores.
Durante toda la noche que procedió al día de la fiesta los dos embaucadores estuvieron levantados con más de 16 lámparas encendidas.
La gente pudo ver que trabajaban activamente en la confección del nuevo traje del emperador.
Simularon quitar la tela del telar,
Cortaron el aire con grandes tijeras y cosieron con agujas sin hebra de hilo hasta que al final gritaron ¡Mirad!
¡El traje está listo!
Llegó el emperador en compañía de unos caballeros muy distinguidos y los dos truanes levantando los brazos como si sostuvieran algo dijeron estos son los pantalones este es el manto y esta la camisa y así fueron nombrando todas las piezas del traje.
Las prendas son ligeras como si fuesen de tela de araña se diría que no lleva nada en el cuerpo pero esto es precisamente lo bueno de la tela decían los pillos.
En efecto asintieron todos los cortesanos sin ver nada porque no había nada.
¿Quiere dirigirse majestad a quitarse el traje que lleva?
Dijeron los dos bribones para que podamos probarle los nuevos vestidos ante el gran espejo.
Así que el emperador se despojó de todas las telas y los pícaros simularon entregarle las diversas piezas del vestido que pretendían haber terminado un poco antes.
De repente llegó el maestro de ceremonia.
Toda la gente lo espera en la calle majestad.
Sí sí sí estoy preparado dijo el emperador ¿verdad que me sienta bien?
Y de nuevo se miró al espejo haciendo como si estuviera contemplando su vestido.
Todos los chambelanes encargados de llevar la cola del vestido bajaron las manos al suelo como para levantarla y siguieron con las manos en alto como si estuvieran sosteniendo algo en el aire.
Por nada del mundo nadie quería confesar que en realidad no veían nada y de este modo el emperador inició su procesión bajo el espléndido sol mientras toda la gente miraban en las calles y en las ventanas y decían qué precioso es el nuevo traje del emperador,
Qué magnífica cola,
Qué bien le sienta.
Nadie iba a permitir que los demás se dieran cuenta que no veían nada porque eso hubiera significado que eran indignos de su cargo o que eran tontos de remate.
Ningún traje del emperador había tenido tanto éxito como aquel hasta que de pronto alguien exclamó pero si no lleva nada.
Era un pequeño niño.
Dios mío escuchad la voz de la inocencia dijo su padre y todo el mundo empezó a cuchechear sobre lo que acababa de decir el pequeño.
Pero si no lleva nada.
Es un niño el que dice que no lleva nada puesto.
No lleva traje.
Empezó a gritar todo el pueblo.
Aquello inquietó mucho al emperador porque pensaba que el pueblo tenía la razón pero se dijo hay que seguir la procesión hasta el final.
Así que se puso de pie con la espalda muy recta y siguió con la mayor arrogancia que pudiera tener y pues los chambelanes siguieron portando una cola inexistente.
Y hasta aquí el meditacuento de hoy.
Cuéntame a ti qué te pareció.
¿Te divirtió esta historia?
Este cuento nos enseña sobre la humildad y la sinceridad.
Las personas se lograron dar cuenta del engaño sólo porque había un niño honesto que no le importaba las apariencias.
Espero que te hayas divertido tanto como yo y que nos podamos ver en un próximo capítulo de los meditacuentos.
¡Adiós!
Conoce a tu maestro
4.8 (137)
Reseñas Recientes
More from Cindy Vanessa Parra
Meditaciones Relacionadas
Trusted by 35 million people. It's free.

Get the app
