22:36

Cuentos Taoístas y Budistas para Dormir Delicioso

by Daniel Yvker

rating.1a6a70b7
Puntuación
4.6
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Todos
Reproducciones
11.2k

Lectura de cuentos y fábulas Taoístas y Budistas para descansar y relajarte mientras te llevas alguna enseñanza de estas tradiciones milenarias. Esta es la tercera entrega de la serie de lecturas extraídas del libro "La Sabiduría de los Cuentos" de Alejandro Jodorowsky.

Transcripción

Hola,

Yo soy Dan,

Y te voy a contar cuentos taoístas y budistas para dormir delicioso.

Comienza recostándote cómodamente,

Tomando conciencia de todo tu cuerpo de manera global.

Tomando conciencia de todas las sensaciones de contacto entre tu cuerpo y el lugar donde te encuentras acostado,

Tu cabeza con la almohada,

Y permite que toda la tensión se desactive simplemente al tomar conciencia de ella.

El secreto de la belleza El gran pintor Wutao Tzu recibió una orden del emperador.

Pinta un cuadro que me revele el secreto de la belleza,

Para lo cual le dieron un muro del palacio.

Si se negaba,

Le cortarían la cabeza.

El artista se encerró varios meses trabajando.

Un día anunció que la obra estaba terminada.

El emperador,

Acompañado por su corte y sus verdugos,

Se sentó frente a la tela que cubría el mural.

—Espero conocer el secreto de la belleza para usarlo en apoyo de mis órdenes,

Murmuró ansioso el monarca.

Wutao Tzu retiró el paño y descubrió un paisaje vasto como el mundo,

En medio del cual se elevaba una montaña.

Todos lo miraron embelezados.

Pasada la primera impresión,

El emperador gruñó.

—Es un bello paisaje,

Nada más.

¿Dónde está el secreto que pedí?

El pintor respondió.

—Lo tiene un espíritu que vive en la caverna al pie de esta montaña.

Y en ese mismo momento se abrió la boca de una caverna en la montaña.

El pintor continuó.

—Lo que hay en el interior es tan bello que nada podría expresarlo.

Majestad,

Le voy a mostrar cómo obtenerlo.

El pintor golpeó sus manos.

Se hizo diminuto y entró en la cueva.

La piedra que hacía de puerta se cerró tras él.

La pintura poco a poco comenzó a desvanecerse,

Hasta que el muro quedó blanco y vacío.

Nadie volvió a ver a Wutao Tzu.

El décimo hombre Diez monjes,

Habiendo abandonado su monasterio y su viejo maestro,

Viajaban juntos en busca de una iluminación que creían no haber alcanzado.

Cruzando un río en crecida,

Fueron separados por la rapidez de la corriente.

Cuando alcanzaron la otra orilla y se juntaron,

Uno contó a los otros para asegurarse de que habían salvado todos.

Desgraciadamente sólo contó nueve.

Cada monje hizo lo mismo e igualmente sólo contó nueve,

Mientras lloraban pensando en el hermano ahogado,

Un viajero que iba hacia la aldea cercana.

Después de preguntarles la causa de sus lamentos,

Les aseguró que eran diez.

Pero cada monje volvió a contar e insistir que eran nueve.

El viajero,

Incapaz de convencerlos,

Se alejó rumbo a su aldea.

Después uno de los monjes se arrodilló en una roca junto al río para lavar las lágrimas de su roca.

Al ver su reflejo en el agua,

Regresó corriendo donde sus compañeros,

Anunciándoles que había encontrado al pobre hermano ahogado.

Los monjes fueron yendo a arrodillarse en la roca,

Mirando emocionados hacia el agua.

Cuando los vieron a la víctima,

A la que no podían rescatar por estar sumergida en el fondo del torrente,

Celebraron en su honor una ceremonia fúnebre.

El viajero,

De regreso de la aldea,

Al ver lo que hacían,

Les aseguró que habiendo cada uno celebrado su propio deceso,

Y también el de los otros,

Estaban todos muertos.

Al oír esto,

Los diez monjes se iluminaron y volvieron a su monasterio para alegría de su viejo maestro,

Llevar la balsa.

Un hombre iba caminando con dificultad por la orilla de un río.

Recobró que la orilla puesta era mucho más practicable,

Pero no podía cruzar al otro lado por falta de un puente.

Reunió algunas cañas,

Construyó una balsa y,

Acto seguido,

Atravesó.

Una vez llegado a la otra orilla,

No fue capaz de decidirse abandonar su embarcación.

La cargó sobre sus espaldas y reanudó su avance,

Que se volvió mucho más lento y penoso que antes de cambiar de orilla.

La lección.

En la época en que buscaba la iluminación,

Que fue más tarde el maestro del gran Milarepa,

Se topó un día en un camino con un anciano encorvado bajo un pesado fardo.

De repente,

Tuvo la intuición de que este anciano poseía la clave de su búsqueda espiritual.

Le dijo a distancia,

«Dime,

Maestro,

¿qué es la iluminación?

».

El hombre se detuvo y,

Sin decir una palabra,

Depositó su saco en el suelo.

Pa,

Que miraba fija e intensamente al anciano,

Sacudió la cabeza.

«Por fin he comprendido qué es la iluminación».

«Gracias,

Pero,

¿qué hay después?

».

Por toda respuesta,

El anciano levantó su fardo,

Lo volvió a colocar sobre sus espaldas y reanudó su camino.

Buda y la prostituta.

Una prostituta se había enamorado de Buda.

Un día,

Fue al monasterio.

Atravesó la gran sala donde los monjes estaban meditando y se desnudó delante de él,

Exponiéndose a su mirada y a la de todos los monjes allí presentes.

«¿Me deseas?

»,

Le preguntó él.

La mujer asintió.

Buda la tomó entonces por el talle y se la llevó hacia la orilla de un lago situado en las proximidades del monasterio.

Una vez allí,

Con gesto vivo,

La empujó dentro del agua helada.

Los ardores amorosos de la prostituta se esfumaron en el acto.

Buda le tendió una mano firme y ayudándola a volver a la orilla,

Le dijo.

«Y ahora,

Vayamos a meditar juntos».

La tentación del monje.

Una mujer de avanzada edad había tomado a su cargo a un joven monje y atendía a sus necesidades desde hacía años.

El monje se pasaba todo el día meditando y la anciana esperaba verle alcanzar la iluminación.

Un día recibió la visita de una joven pariente.

Ella la invitó a ir a saludar a su protegido,

Que estaba meditando al fondo del jardín.

Una muchacha,

Nimbada de una embriagadora fragancia de violetas,

Se dirigió hacia el monje,

Contoneándose sensualmente,

Seguida de una nube de mariposas macho prendadas de ella.

El solo perfume de la prostituta sacó al monje de su meditación.

Una vez avisado,

Exclamó sonrojándose,

«¿Qué vienes a hacer aquí,

Mujer de mala vida?

» «Tu presencia deshonra este lugar santo,

Regresa allí de donde vienes».

Confusa,

La prostituta,

Llorando a lágrima viva,

Se fue a ver a la anciana señora.

El santo varón me ha echado,

Que la vergüenza caiga sobre mí,

Le he mancillado con mi presencia impura.

A estas palabras,

La protectora del monje palideció.

«¿Qué va a hacer ese un santo varón?

» Y llena de repente de una rabia irrefrenable,

Se apoderó de una antorcha y corrió al fondo del jardín,

Para prender fuego al templo.

«¡Fuera de aquí,

Holgazán!

» Le gritó al monje aterrado,

«cuando pienso que he estado manteniendo a un cerdo durante más de diez años,

Desaparece de mi vista y que no te vuelva a ver nunca más».

La fuerza de la verdad.

Un guerrero se encontró frente a un monstruo de piel invulnerable,

Le disparó una flecha que no le hizo más efecto que una picadura de mosquito.

Cargó contra él con su lanza,

Que se rompió sin siquiera hacerle un rasguño.

Le golpeó con su hacha,

Que se hizo trizas del impacto.

Recurrió a su espada,

Que voló hecha a pedazos.

Ni sus patadas,

Ni sus puñetazos o cabezazos tuvieron el menor efecto sobre la bestia.

No hubo manera.

El espantoso monstruo,

Levantando al guerrero,

Le dijo entonces,

«estás derrotado,

Voy a devorarte.

No cantes victoria antes de hora,

Cuando esté dentro de tus entrañas,

Te envenenaré».

«¿Y con qué piensas envenenarme?

» le preguntó el monstruo.

«Con la verdad».

El barco vacío.

En un puerto del mar de China,

Había numerosos barcos a punto de embarcar,

Todos cargados hasta los topes de joyas,

De sedas y de otras mercancías valiosas.

Los mercaderes que los habían fletado,

Se alegraban de llevarse todos estos tesoros a su país natal.

Poco antes de su partida,

Se les anunció que se preparaba una tempestad en alta mar,

Y que sus barcos,

Cargados en exceso,

No podrían resistirla.

Pero los mercaderes,

Haciendo caso omiso de esta advertencia,

Decidieron partir sin más tardanza.

Solo uno de ellos,

Descargó su barco y se hizo a la mar vacío.

Más tarde,

Cuando se desencadenó la tempestad,

Con una violencia extrema,

Los barcos demasiado cargados,

Se hundieron.

Únicamente el barco vacío,

Permaneció a flote,

Y pudo recuperar a todos los náufragos.

El cántaro de oro,

Un maestro,

Vivía en las proximidades de un mercado,

Poseía un cántaro de oro,

Muy famoso en los alrededores.

Atraído por esta fama,

Vino un ladrón,

Un buen día,

A ver al maestro,

Haciéndose pasar por discípulo.

Todos los monjes estaban meditando,

Y el hombre malintencionado,

Se unió a ellos.

El maestro,

Sorprendió sus ávidas miradas hacia el cántaro.

—¡Ah!

Así que ha sido esto lo que te ha traído aquí,

—dijo apoderándose del objeto.

Fue hasta la ventana,

Y lanzó el cántaro de oro,

En medio de la gente que se apiñaba en el mercado.

—¿Y?

¿Ahora?

¿Qué más deseas?

—preguntó el sabio.

—El hijo de Buda.

Un amigo de Buda,

Se había casado en segundas nupcias,

Pero una doncella de servicio celosa,

No aceptaba a la nueva señora,

Y le hacía la vida imposible.

A petición de su amigo,

Buda fue a verla,

Y trató de hacerla razonar.

Sus palabras no tuvieron ningún efecto,

La doncella no quería oír nada.

Buda se fue a ver a su amigo,

Y le dijo,

—Tu doncella se muestra sorda a mis palabras,

Pero voy a enviarte a mi hijo,

A él le escuchará.

Efectivamente,

Cuando el joven fue a ver a la doncella,

Consiguió convencerla.

Que tengas dulces.

4.5 (196)

Reseñas Recientes

Mario

December 7, 2025

Gracias 🥰

gabriela

January 15, 2021

Gracias

© 2026 Daniel Yvker. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

Trusted by 35 million people. It's free.

Insight Timer

Get the app

How can we help?

Sleep better
Reduce stress or anxiety
Meditation
Spirituality
Something else