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Descanso profundo: Vuelve a tu estado de calma natural

by Míriam | La Isla del Yoga

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Te doy la bienvenida a este espacio de calma. En esta sesión de Yoga Nidra, trabajaremos con la visualización de un lago tranquilo para reflejar la quietud que deseamos integrar en nuestro sistema nervioso. A través de un recorrido consciente por el cuerpo, permitiremos que cada rincón se suavice, recordándole a tu organismo que es seguro soltar, reparar y recuperar energía. Esta práctica incluye: - Preparación del espacio y postura para el descanso. - Formulación de un sankalpa o intención positiva. - Recorrido consciente para iluminar y relajar el sistema nervioso. - Visualización del lago para integrar la calma profunda.

Transcripción

Hay momentos en los que el cuerpo parece haber olvidado cómo descansar.

Quizá duermes,

Pero no recuperas la energía.

Tal vez notas la mandíbula tensa,

Los hombros elevados.

El pecho contraído.

O la mente incapaz de detenerse.

Puede que te resulte difícil relajarte.

Incluso cuando sabes que no hay ningún peligro.

Esto sucede porque el sistema nervioso está diseñado para protegernos.

Cuando vivimos situaciones de estrés Activa un estado de alerta.

Que nos ayuda a responder.

El problema aparece.

Cuando ese estado se prolonga demasiado tiempo.

Y el cuerpo comienza a creer que debe permanecer vigilante incluso cuando ya todo está bien.

La buena noticia es que el sistema nervioso también sabe regresar al equilibrio.

No necesita que le obligues.

Ni que luches contra tus pensamientos.

Solo necesita recibir una señal clara de seguridad.

Y eso es precisamente lo que vamos a cultivar durante esta práctica.

Yo soy Miriam y quiero acompañarte en este Yoga Nidra para que tu cuerpo recuerde poco a poco y de forma natural cómo se siente descansar profundamente.

Vamos a comenzar.

Busca una postura cómoda.

Preferiblemente sobre tu espalda.

Aunque puedes practicar como mejor te sientas.

Deja que los pies caigan hacia los lados.

Separa ligeramente los brazos del cuerpo.

Gira las palmas hacia arriba.

Haz cualquier ajuste que necesites ahora.

Después permite que tus ojos se cierren.

Respira profundamente.

Exhala.

Lentamente una vez más.

Inhala con suavidad.

Y suelta el aire.

Sin prisa.

Siente como el peso del cuerpo.

Comienza a entregarse por completo a la tierra.

No tienes que sostenerte.

La tierra ya lo está haciendo por ti.

Observa el viben de tu respiración.

Observa como tu pecho Sexpande.

Como se vacía.

Céntrate en el movimiento en la sensación aquí en este espacio.

Lleno de sabiduría.

Vamos a formular nuestro zancalpa.

Una intención sencilla y positiva.

Para esta práctica.

Puedes usar tu propio zancalpa.

¿O podrías repetir conmigo?

Confío en la sabiduría.

De mi cuerpo.

Estoy a salvo.

Vuelvo a mi equilibrio.

Puedes repetirlo tres veces mentalmente.

Confío en la sabiduría de mi cuerpo.

Estoy a salvo.

Vuelvo a mi equilibrio.

Y una vez más Confío en la sabiduría de mi cuerpo.

Estoy a salvo.

Vuelvo a mi equilibrio.

Ahora imagina que sobre tu coronilla aparece un pequeño orbe de luz dorada.

Su luz es cálida.

Serena.

Transmite una profunda sensación de seguridad.

El orbe desciende lentamente.

Hacia el interior de tu cabeza.

Y se dirige primero hacia el ojo derecho.

Percibe el párpado derecho.

Las pestañas.

El globo ocular.

Los pequeños músculos que rodean el ojo.

El espacio que existe detrás del ojo.

Ahora vuelve suavemente al centro de la cabeza.

Y viaja hacia el ojo izquierdo.

El párpado.

Las pestañas.

El globo ocular.

Los músculos que los sostienen.

El espacio detrás del ojo.

Y regresa al centro del cerebro.

Siente ambos ojos.

Completamente relajados.

El orbe continúa hacia tu oreja derecha.

El pabellón de la oreja.

El canal auditivo.

El espacio profundo del oído.

Regresa al centro.

Ahora la oreja izquierda.

El pabellón.

El canal auditivo.

El espacio interior.

Y de nuevo,

El centro de la cabeza.

Ahora desciende hacia la nariz.

La punta.

Las fosas nasales.

El aire entrando el aire saliendo.

Después entra en la boca.

Los labios.

Los dientes.

A ser fija.

La lengua.

El paladar.

Toda la cavidad bucal.

Permite que la mandíbula se afloje que los dientes dejen de presionarse.

El orbe continúa hacia la garganta.

La parte anterior la parte posterior.

El interior de la garganta.

Y el cuello.

Todo se vuelve más amplio.

Más suave.

Ahora llega al centro del pecho.

El pecho derecho.

El hombro.

El brazo derecho.

Codo.

Antebrazo.

Muñeca ¿Mano?

Y dedos de las manos.

También la punta de los dedos.

Y de nuevo,

Dedo.

Mano.

Muñeca.

Antebrazo.

Brazo HOMBRO percibe tu homóplato derecho.

Tu clavícula derecha.

Pecho derecho.

Centro del pecho.

Ahora el orbe se dirige a tu pecho izquierdo.

Al hombro.

Brazo codo.

Antebrazo.

Muñeca.

Mano.

Y cada dedo de la mano.

Percibe la punta de tus dedos.

Y de nuevo,

Dedos.

Mano.

Muñeca.

Antebrazo.

Codo.

Brazo izquierdo.

Percibe el hombro.

El homóplato izquierdo.

La clavícula.

El pecho izquierdo.

Centro del pecho.

Ahora percibe.

Cada respiración.

Con un poco más de amplitud ahora en el centro del pecho.

Percibe el corazón.

Las pulmones.

El espacio entre ambos.

Cada respiración crea un poco más de amplitud.

El orbe desciende hacia el diafragma.

Ese gran músculo que acompaña.

Cada respiración.

Permite que se ablande.

Que ya recupere movilidad.

Ahora el plexo solar.

El estómago.

El hígado.

Clavadame.

Los intestinos.

Toda esta región puede descansar.

Sin esfuerzo.

Sin prisa.

El orbe sigue descendiendo hacia la pelvi.

Las caderas.

El suelo pélvico.

Los glúteos.

Toda la base del cuerpo.

Desde ahí.

Se dirige a la cadera derecha Baja lentamente por el muslo derecho.

La rodilla.

La pantorrilla.

Tobillo.

Talón.

Planta del pie empeñe.

Dedos del pie.

Y de nuevo vuelve por el pie.

Tobillo.

Pierna derecha Rodilla Muslo.

Cadera.

Base.

Del cuerpo.

Ahora se dirige a tu cadera izquierda.

Música.

Rodilla.

Pantorrilla.

Tobillo.

Salud.

Blanda del pie.

Empeñe.

De edad.

Y de nuevo vuelve.

Por tu bien.

Tu tobillo.

Tu pierna.

Rodilla Músula cadera.

Base.

De tu cuerpo.

De aquí El orde comienza a transitar por tu columna vertebral.

Desde el sacro y el cocci.

Asciende por tus vértebras lumbares.

Por toda la espalda.

Por tus vértebras dorsales.

Por tus vértebras cervicales.

Y llega al centro de tu cabeza.

Se sitúa entre los dos hemisferios cerebrales.

Llega al hemisferio derecho.

Que conecta la parte izquierda del cuerpo.

Y percibes como el orden.

Ilumina cada uno de los nervios.

Que conectan.

La parte izquierda del cuerpo.

Genando de paz y de luz.

Vuelve al centro.

Y ahora se dirige al hemisferio izquierdo.

Que conecta.

Toda la parte derecha del cuerpo se llena de paz y de luz.

Y de nuevo vuelves al centro del cerebro.

Visualiza cómo conecta.

Toda la médula espinal.

Hasta la base de tu columna.

Percibe como el orden.

Ilumina todo tu sistema nervioso el hemisferio derecho del cerebro.

Y toda la parte izquierda del cuerpo.

El hemisferio izquierdo.

Y toda la parte derecha.

El centro.

Y la base de la columna.

Y toda la médula espinal.

Percibe ahora el cuerpo completo.

Como si ese orbe de luz hubiera despertado.

Una sensación de calma.

En cada rincón.

Observa tu respiración.

No tienes que cambiarla.

Solo sentirla Con cada inhalación el cuerpo recibe oxígeno.

Con cada exhalación recibe un mensaje silencioso.

Ya puedes descansar.

Imagina que cada vez que expulsas el aire una suave ola de calma.

Recorre todo tu sistema nervioso.

Desde el cerebro hasta la médula espinal.

Y vestir allí?

Hacia cada rincón del cuerpo.

Como si un río de agua templada.

Recorriera cada camino interior.

Allí donde pasa todo se suaviza.

Todo encuentra un nuevo ritmo.

Sobre todo recuerda cómo relajarse.

Ahora imagina que estás junto a un lago.

Completamente tranquilo El agua permanece inmóvil.

Refleja el cielo con absoluta claridad.

Observa durante unos instantes esa superficie serena.

Ese lago es tu sistema nervioso.

Quizá durante un tiempo sus aguas estuvieron agitadas.

Las preocupaciones.

Levantaban olas.

El miedo producía corrientes.

La tensión mantenía el agua en constante movimiento.

¿Pero ahora?

No hay viento.

No hay tormenta.

Solo silencio.

Y el lago hacia aquello para lo que siempre estuvo preparado.

Volver a la calma.

Sin esfuerzo.

Porque la calma no necesita construirse.

Solo.

Necesita espacio.

Para aparecer.

Mientras contemplas el lago.

Siente que esa misma quietud comienza a extenderse por tu interior.

La frente se suaviza.

Los ojos descansan.

La mandíbula permanece libre.

Los hombros descienden.

El pecho respira con amplitud.

El abdomen se mueve con naturalidad.

Todo tu cuerpo comprende que ya no necesita permanecer en alerta.

Puede descansar.

Puede reparar.

Puede recuperar energía.

Puede volver a su equilibrio natural.

Permanece unos instantes.

Disfrutando de esta sensación.

Es el momento de recordar tu zancalpa.

Puedes repetir tu propio zancalpa.

Con serenidad.

Con confianza.

Como una semilla.

Que encuentra tierra fértil donde crecer.

Puedes repetir conmigo.

Confío en la sabiduría de mi cuerpo.

Estoy a salvo.

Vuelvo a mi equilibrio.

Repítelo tres veces.

Comienza poco a poco a tomar conciencia del lugar donde te encuentras.

Escucha los sonidos que llegan hasta ti.

Siente el contacto de la ropa sobre la piel.

El apoyo del cuerpo.

Sobre la superficie.

Respira un poco más profundamente.

Mueve lentamente los dedos de las manos los dedos de los pies Realiza un pequeño estiramiento si lo desea.

Y cuando te resulte natural?

Gira hacia uno de tus lados.

Y permanece ahí unos instantes.

Sin perder la calma.

Después,

Incorpórate despacio.

Lleva las manos al centro del pecho.

Haz una última respiración profunda.

Y agradece a tu cuerpo.

Este tiempo de descanso.

Puedes cantar un mantra.

Rezar una oración.

O simplemente cultivar la sensación de agradecimiento.

Por este tiempo que te has dedicado.

Recuerda.

Toque la calma.

¿No es algo que tengas que buscar fuera de ti?

Es un estado.

Que tu cuerpo ya conoce.

Y al que siempre puedes regresar.

Jariyom Tatzak.

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