
Meditacuento: Rayito el Conejito
¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos. El día de hoy te traigo un sobre la verdad. Una historia para reflexionar a través de la aventura que vive un conejito. Espero que lo disfrutes, ¡gracias por meditar conmigo! No olvides comentarme que te pareció y si te gustaría escuchar un meditacuento de algún tema en especial.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos.
Este espacio que ha sido construido especialmente para ti,
Para que juntos empecemos a adoptar este hábito de la meditación.
Así que ponte cómodo o cómoda para que puedas disfrutar mejor de esta historia.
Adopta esa postura en la que te puedas quedar quieto o quieta durante los próximos minutos y que sientas a tu cuerpo completamente relajado.
Haremos unos ejercicios de respiración que nos ayudan a activar nuestra escucha,
Nuestra atención y a relajarnos más profundamente.
Toma profundamente el aire por tu nariz,
Permitiendo que el aire entre a todos los rincones de tu cuerpo y les avise a las células que es hora de relajarnos.
Deja salir suavemente el aire.
Nuevamente toma el aire por la nariz,
Llevándolo a cualquier rincón de tu cuerpo que sientas dolor o tensión.
Deja salir suavemente el aire por la boca.
Una última vez toma el aire profundo,
Estírate o acomódate,
Deja salir el aire por la boca.
Ya estamos listos para comenzar.
Cierra los ojos,
Activa los oídos y disfruta de esta historia.
El meditacuento de hoy va dedicado especialmente para María Paula y Gerardo y su mamá Ana María Rubín,
Que son fieles oyentes de los meditacuentos.
Este cuento se llama Rayito el Conejito.
Rayito era un conejito muy pachoncito y bastante peludo al que le encantaba saltar y saltar,
Desde que salía el sol hasta que se escondía.
Saltaba tanto que se había hecho amigo de las nubes y aunque no podía mantener conversaciones muy largas entre salto y salto,
Había tenido la oportunidad de conocerlas y quererlas.
Cada salto le ayudaba a construir esta bonita amistad.
Un día Rayito saltó con tanta fuerza que se quedó suspendido sobre las nubes.
¡Sí!
¡Sobre las nubes!
Allí todo era ligero y suave,
La frescura del viento se sentía con mayor intensidad y todo parecía de juguete,
Era como estar viviendo un sueño.
Muy emocionado,
Rayito decidió ir a explorar todo aquello que se escondía tras las nubes,
Pero la verdad es que le daba un poco de miedo saltar,
Pues sentía que las nubes eran muy frágiles y que en cualquier momento al suelo iba a regresar.
Así que por primera vez en muchos años,
Rayito caminó suavemente por las nubes hasta encontrar una nube de color rosa que llamó mucho su atención.
Esta nube era especial,
No solo brillaba con más intensidad,
Además de su color rosado,
Sino que emitía un aroma delicioso,
Irresistible.
Sin dudarlo,
Se acercó para poder tocarla y al llegar allí,
Encontró un letrero que decía,
Favor no comerse la nube.
Rayito miró a su alrededor y vio que estaba completamente solo,
Y seguía el aroma,
Irresistible,
Un aroma que se sentía cada vez más fuerte,
Y ese aroma ahora no solo le agradaba,
Sino que también le había hecho dar hambre.
Tan suave,
Tan pachoncita,
Solo imaginaba el sabor que tendría,
Se le hacía agua a la boca,
Pero el letrero seguía ahí,
Favor no comerse la nube.
Rayito entró en un dilema,
Se moría de ganas de comerse esa nube,
Imaginaba que sabría como a fresas,
A cereza,
O quizás a galleta,
Se sentía tan suave que imaginaba que al morderla se deshacería en su boca.
Volvió a mirar alrededor y pensó que si quizás solo mordiera un pedacito,
Nadie se daría cuenta.
Se aseguró de buscar el borde más oculto de la nube,
Que fuera difícil de ver.
Volvió a mirar a su alrededor,
Cerró los ojos,
Respiró profundo y le dio un gran mordisco.
Empezó a saborearla,
Y era justo,
Justo todo lo que él había imaginado.
Pero unos segundos después,
Un sabor amargo inundó su boca,
Sabía tan mal que quería escupirla,
Pero temía que alguien lo viera.
Corrió y corrió,
Queriéndose alejar de esa nube,
Y trataba de tragarlo,
Pero la verdad es que tenía ganas de vomitar.
Así que buscó un lugar muy alejado para poder sacar ese pedazo de nube de su boca,
Y cuando lo escupió,
Vio que ahora era color azul,
Y que sus dedos también eran color azul.
De repente se mira a sí mismo,
Y ya todo,
Todo él,
Era azul.
Todos notarían que había mordido la nube.
Se llenó de angustia.
Corrió y corrió,
Hasta encontrarse con sus amigas las nubes,
Y quienes le preguntaron qué tal le había pasado,
Cómo le había parecido este mundo tras las nubes.
Rayito fingió una sonrisa,
Y pensó,
¿por qué no me dicen nada si me veo completamente azul?
Así que en su mente rápidamente formuló la respuesta,
Imaginó que las nubes no eran capaces de deber los colores,
Así que decidió mentirles.
Me ha encantado este mundo,
Pero la verdad es que no encontré ninguna nube especial,
Ninguna nube rosa,
Como me dijeron,
Pero de tanta caminata creo que ya me cansé y quiero regresar.
Las nubes le pidieron que por favor se quedara,
Era imposible que estuviera en ese mundo de las nubes y no conociera a la más especial.
Además le dijeron que una de ellas lo podría acompañar,
No se podía ir de esta tierra sin conocer a la nube rosa.
Rayito no supo cómo negarse,
Se le acababan las mentiras,
No sabía qué decir,
Aún sentía ese sabor amargo en su boca y veía todo su cuerpo azul,
Se sentía muy nervioso e incómodo,
Pero como había mentido no tenía cómo negarse,
Así que aceptó la compañía para ir de nuevo hacia la nube rosa.
Cuando estaban llegando su malestar se incrementó,
Sentía náuseas,
Sudaba,
Parecía como que tuviera algo atorado en su garganta,
Como si la mentira se hubiera puesto ahí y ahora hasta le costaba tragar saliva y respirar.
Resulta que alrededor de la nube rosa se habían hecho miles y miles de nubes y todas murmuraban y tenían cara de asombro,
Pues se habían dado cuenta que a alguien le había pegado un mordisco a la gran nube rosa.
Rayito no pudo más y contó toda la verdad a la nube guía,
Le pidió disculpas y le explicó todo lo que pasó,
Todo lo que había sucedido,
Él no se había podido resistir y él era el que había mordido a la nube rosa.
¡Uff!
¡Qué alivio se sentía decir la verdad!
Se había quitado un nudo en la garganta y se miró a sí mismo y el color azul también había desaparecido.
En ese momento comenzó a sonar una alarma,
Tan fuerte,
Tan fuerte,
Que lo despertó.
Todo había sido un sueño,
Rayito se miró las manos,
Se miró la lengua,
No había rastros de color azul,
Pero qué bien se sentía por haber dicho la verdad.
Y hasta aquí el medita cuento de hoy.
¿Qué tal te ha parecido esta historia de Rayito?
¿Sentiste la angustia que él sintió?
La verdad es que las mentiras se alojan a veces en nosotros como un nudo en la garganta y puede que no nos crezca la nariz,
Ni que nos crezcan las orejas,
Como dicen los cuentos,
Pero eso sí,
Nos causa un peso y una angustia en nuestro corazón.
Por eso lo mejor siempre será decir la verdad,
Tener esas personas que son de nuestra confianza a la que les podemos contar todo,
Que puede ser mamá,
La maestra,
Un mejor amigo,
Papá,
Nuestros abuelos,
O la persona que tú decidas,
Esa con la que tienes la plena confianza de que siempre será mejor hablar con la verdad,
Incluso aunque hayamos hecho algo que no estuviera correcto,
Como ignorar el letrero y morder la nube rosa.
Espero que hayas disfrutado tanto de esta historia como yo y que puedas encontrar esa persona en la que confíes 100%.
Recuerda que siempre será más satisfactorio contar la verdad.
Nos escuchamos en un próximo capítulo.
Adiós.
Conoce a tu maestro
4.8 (75)
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