
Historias Orientales y Sufis para Dormir (P2)
by Daniel Yvker
Aquí podrás escuchar historias orientales y Sufis narradas con mucho amor para ayudarte a conciliar el sueño. Además todas estas historias tienen grandes moralejas, así que si logras mantenerte despierta o despierto, aprenderás.
Transcripción
Hola,
Buenas noches,
Yo soy Dan y te voy a contar algunas historias orientales y sufís para dormir.
El zorro rojo Cuando se ha colado en el interior del taller de un tintorero,
Un zorro cayó dentro de una tina que contenía una disolución de color rojo,
Consiguió salir de la tina y escapar al bosque,
Pero se llevó consigo el rastro de una visita.
Su pelaje había adquirido una coloración de un rojo vivo.
Su nueva apariencia inquietó e intrigó a los demás zorros del bosque,
Valiéndose de esta particularidad se hizo fácilmente con el poder.
Impresionados,
Los otros zorros aceptaron servirle y venerarle como a un rey.
Los días transcurrieron tranquilos y prósperos en su nueva comunidad,
Pero con la llegada del invierno se multiplicaron las lluvias y poco a poco se fue diluyendo el tinte.
Los otros zorros terminaron por darse cuenta de que habían sido víctimas de un embaucamiento y lo expulsaron.
LOS AMORES DE LA BELLA FARUDJA Un día el soberano Jarón el Pusa hizo la adquisición de la más maravillosa esclava vista jamás y se enamoró perdidamente de ella.
La hizo su favorita,
La mimó accediendo al menor de sus deseos,
Sin embargo incomprensiblemente la bella farudja empezó a perder el gusto por vivir,
Se aburría y languidecía.
Su salud empezó a decaer y nadie pudo hacer nada por remediarlo.
Los mejores médicos del reino se desvivieron en vano por sacarla de su postración.
El soberano enormemente preocupado hizo entonces venir al hombre más sabio del reino.
El santo varón visitó a la favorita encerrada en el silencio y la tristeza,
Sentándose cerca de su lecho tomó la mano de la joven entre las suyas.
—Háblame de tu pueblo —le dijo,
Y la joven habló de su pueblo y de sus padres.
El anciano le dijo mientras hacía presión en su muñeca— Voy a decirte diferentes nombres de pueblos de la región.
Cuando pronunció el nombre de Sarka,
El pulso de la joven se aceleró.
—Ah,
Así que conoces a alguien en el pueblo de Sarka.
De nuevo el pulso se aceleró.
De pregunta en pregunta el sabio descubrió que la joven estaba locamente enamorada del herrador de aquel lugar.
Tras haber dado cuenta de su descubrimiento al soberano,
Le dio a este el siguiente consejo.
—Oh,
Comandador de los creyentes,
Si quieres que tu amada recobre la salud,
Haz venir a ese hombre a tu palacio,
Empleale a tu servicio y únele a tu favorita.
Jarún el Pusa se encontró entonces atrapado en el siguiente conflicto.
Perder para siempre a la mujer que tanto amaba o perderla en provecho de otro.
Con infinito pesar hizo venir al herrador y unió a los dos seres que se amaban.
El palacio resonó durante varios días del fervor amoroso de la pareja.
Llamó entonces al rey,
A quien le tocó llorar y sufrir,
Y llamó de nuevo a su consejero.
—Ayúdame —le dijo en tono lastimero—,
Pues estoy desesperado.
El sabio le entregó un pequeño frasco explicándole.
—Que tu cocinero ponga cada día una gota de esta poción en la bebida del joven.
Este veneno actuará poco a poco,
Y de aquí a unos meses tu rival te cederá su sitio.
Así se hizo.
Algún tiempo después el herrador,
Perdiendo todo apetito,
Comenzó a adelgazar y a faltarle toda su energía.
Los gritos de amor de la pareja dejaron de resonar en los corredores del palacio.
Tal y como había predicho el sabio,
La vida del herrador se extinguió unos pocos meses más tarde.
Tras haber vivido plenamente su amor,
Y luego de haber llevado luto por su amante,
La bella favorita volvió entonces con su soberano,
Que la había estado esperando pacientemente y rodeado de mil atenciones.
Harún el Pusa recuperó entonces la alegría de vivir al recobrar al ser amado.
La Sopa de Hazán Hazán,
Hombre rico y poderoso,
Abandonó su fortuna y su rango para poder estudiar con el maestro Abdul Ezendi.
A pesar de todo el trabajo y de la evolución que llevó a cabo al lado de Abdul Ezendi,
Éste observó que no se liberaba de su orgullo,
Defecto que le venía de la muy elevada posición que ocupaba con anterioridad.
Abdul Ezendi decidió darle una pequeña lección.
Le llamó y le dijo,
«Ve al mercado y tráenos cuarenta kilos de tripas de cordero,
Pero debes traerlas cargando sobre tus espaldas».
Hazán se fue al punto hacia el mercado,
Que estaba situado en el otro extremo de la ciudad.
Una vez allí,
Compró las tripas y las cargó sobre sus espaldas.
Sanguinolientas como estaban,
No dejaron de mancharle de la cabeza a los pies.
Y fue en este lamentable estado en que se vio obligado a atravesar media ciudad a fin de hacer entrega de sus cargamentos.
Como era conocido como un hombre muy rico,
Cada transeunte con el que se topaba le hacía pasar un verdadero suplicio.
Por más que trataba de no parecer preocupado,
Sentía una profunda humillación.
A su llegada,
El maestro le ordenó que llevara las tripas a la cocina,
Para que prepararan con ellas una sopa para toda la hermandad.
Pero el cocinero anunció que no tenía un caldero lo bastante grande,
Que pudiera contener semejante cantidad de despojos.
—Eso no es ningún problema —repuso el maestro mirando a su discípulo—.
Ve a ver al charcutero de la hermandad y pídele que nos preste un caldero.
Y Hassan,
Totalmente manchado como iba de la cabeza a los pies,
Se vio obligado a dirigirse al establecimiento del charcutero,
Que estaba situado en el otro extremo de la ciudad.
De nuevo,
Cada transeúnte que se cruzaba en su camino sometió su orgullo a dura prueba.
Mortificado por tanta humillación,
Trajo el caldero a la cocina y,
Acto seguido,
Fue a limpiarse.
Un poco más tarde,
El maestro le llamó y le dijo.
Ahora vuelve a hacer el camino del mercado y pregunta a todos los transeúntes con que te cruces si han visto a algún hombre llevar un montón de tripas sobre sus espaldas.
Él hizo la pregunta a todas las personas con las que se cruzó,
Y todas ellas le respondieron negativa o muy evasivamente.
Nadie había visto a ese hombre,
Y los que lo habían visto no se acordaban ya de su cara.
Devuelta a la hermandad,
El maestro le pidió que repitiera la experiencia a lo largo del camino del charcutero.
También allí,
El resultado fue idéntico.
Nadie se había fijado en un hombre manchado de sangre que llevaba un caldero.
Cuando Hassan informó a Abdul Efendi del resultado de su pesquisa,
Éste observó.
Como ves,
Nadie te ha visto.
Tú creías que la gente se fijaba en tu vestimenta,
Pero no era así.
Eras tú quien proyectaba tu mirada en los demás.
Esa misma noche,
El maestro dio una gran fiesta y convidó a sus invitados a tomar la sopa diciendo,
Probad con nosotros esta noche la sopa de la dignidad y de la grandeza de Hassan.
Que tengas muy dulces sueños.
Conoce a tu maestro
4.8 (15)
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