
Meditación Para Quedarse Dormida
Si te cuesta apagar los pensamientos al irte a la cama, esta sesión es para ti. Permite que la noche y la tierra te sostengan mientras recorremos tu cuerpo para suavizar tensión. Una visualización guiada con una atmósfera amorosa que te invita a dejar tus preocupaciones atrás y a dormir bajo un tierno manto de estrellas. Solo acuéstate, respira y déjate cuidar.
Transcripción
Hola ¿cómo estás?
Hoy te acompaño con una meditación que te puede ayudar a conciliar el sueño.
Te invito a que busques una postura cómoda.
Permitiendo que el cuerpo encuentre el lugar exacto.
Donde quiere descansar esta noche.
Y cuando estés preparada cierra suavemente los ojos en este momento no hay nada que conseguir No hay ningún lugar al que llegar.
La noche ya está aquí.
Y poco a poco también puedes ir llegando tú.
Respira sin modificar nada.
Solo observa como el aire entra y sale,
Como una marea tranquila.
Natural.
La respiración te acompaña desde siempre.
Sin pedir nada a cambio,
Sin exigir.
Simplemente estando.
Y esta noche puedes permitirte descansar en ella.
Siente el contacto de tu cuerpo con la superficie que te sostiene.
La cabeza los hombros La espalda.
Piernas los talones.
Observa como tu peso se entrega,
Como una hoja que desciende lentamente hasta posarse sobre la tierra.
Sin resistencias Imagina que tu cama se transforma en una arena cálida y segura.
Una arena que conoce perfectamente el arte de recibir no tienes que sostenerte.
La noche te sostiene.
La tierra,
La arena te sostiene.
Siente como algo dentro de ti empieza a aflojarse como cuando desatas un lazo que lleva demasiado tiempo apretando las tareas del día,
Pueden descansar.
Las decisiones,
Las conversaciones,
Los pendientes.
Todo lo que quedó sin resolver puede esperar.
La noche no te pide respuestas.
Solo te ofrece un refugio.
Vamos a recorrer tu cuerpo para acompañarlo a soltar.
Empieza llevando tu atención a la frente imagina que es un cielo nocturno,
Amplio,
Silencioso sereno.
Cada pensamiento es una pequeña nube que se aleja empujada por una brisa suave.
Los ojos descansan dentro de sus órbitas.
Como dos pequeños lagos en calma que reflejan la luz de la luna.
Ya no tienen que mirar,
Ni vigilar,
Ni buscar solo descansar.
La mandíbula se afloja Los labios se suavizan.
Los hombros descienden como nieve derritiéndose bajo los primeros rayos tibios del amanecer.
Y toda la carga acumulada encuentra permiso para ablandarse.
Las manos se abren dejando de sujetar el día.
Simplemente descansan.
Siente el pecho imagina que alrededor de tu corazón Hay una habitación tranquila.
Iluminada por una luz tenue.
Con cada exhalación tu corazón se acomoda un poco más dentro de ese refugio más protegido.
Más seguro.
Tu vientre se vuelve blando como una pradera iluminada por la luna.
Las piernas,
Los pies se vuelven pesados entregados a una tierra cálida que los recibe con ternura.
Todo tu cuerpo se hunde apenas unos milímetros más.
En una hermosa sensación de comodidad.
Y desde esta calma imagina que caminas por un sendero tranquilo bajo un cielo amable La luna ilumina tu paso.
Y las estrellas brillan sobre ti con la temperatura perfecta.
No necesitas correr.
Cada paso tiene su propio ritmo.
A los lados hay árboles antiguos y sabios.
Sus hojas se balancean con la brisa,
Creando una melodía que te acompaña.
Con cada paso,
Algo del día se queda atrás.
Una preocupación,
Una prisa.
Caen de ti como hojas secas.
Dejándote más ligera.
Más libre.
Y a lo lejos ves una luz pequeña.
Cálida y constante.
Es una casa sencilla,
Protegida por la noche.
Y al verla.
Algo dentro de ti la reconoce.
Como si fuera un hogar que te estaba esperando desde hace mucho tiempo.
Te acercas y la puerta se abre suavemente dándote la bienvenida.
Al entrar te envuelve un aroma a madera,
A paz,
A refugio.
En este lugar no existen los relojes ni las urgencias.
El tiempo aquí se mueve despacio.
Al ritmo de tu respiración.
Caminas por el pasillo.
Y encuentras una pequeña sala con una gran cesta de mimbre.
Es un espacio sagrado para dejar todo lo que no necesitas llevar al sueño.
Coloca allí tus planes,
Tus expectativas.
Tus dudas.
Déjalas una a una.
Sin enfado.
Sabiendo que la noche cuidará de ellas.
Siente el alivio en tus hombros al soltar esa mochila.
Permitite percibir que agradable es la ligereza.
Guiada por la paz de la casa.
Llegas a la última puerta.
Y al abrirla descubres tu habitación perfecta.
Tiene grandes ventanales hacia el cielo estrellado.
Cortinas suaves que se mueven con la brisa.
Y una luz dorada que te abraza.
En el centro.
Una gama perfecta te espera.
Te tumbas y tu cuerpo entero emite un suspiro de gratitud.
Cada músculo se afloja un poco más y un poco más.
Al mirar hacia arriba descubres algo hermoso.
El techo empieza a desvanecerse y sobre ti se despliega el universo entero Miles de estrellas brillan en silencio.
Tan cercanas amables como pequeñas guardianas velando tu descanso.
No tienes que sostener la noche.
La noche te sostiene a ti.
No tienes que perseguir el sueño.
El sueño sabe cómo encontrarte.
Y permite que todo se vuelva aún más suave,
Más lento.
Más borroso.
Imagina que esas pequeñas estrellas del cielo comienzan a descender lentamente.
Como copos de luz silenciosa.
Se posan con una caricia en tu frente.
En tus ojos,
En tus manos.
Cubriéndote con una manta tejida de paz y de silencio.
Poco a poco todo se vuelve más lejano.
La habitación,
Las estrellas.
Mi voz.
Todo empieza a desvanecerse suavemente.
Como la última luz del día tras las montañas.
Tu cuerpo sabe dormir.
Tu mente sabe descansar.
Tu corazón sabe soltar.
Cada respiración te sumerge en un sueño profundo,
Reparador.
Que te abraza y te cuida.
Todo está bien.
Puedes descansar.
Todo está bien.
Puedes soltar.
Y deja que mi voz se vaya alejando cada vez más tenue.
Cada vez más suave.
Mientras el sueño llega.
Con la misma naturalidad.
Con la que florecen las estrellas.
Y 2 simplemente descansas descansas y duermes.
Conoce a tu maestro
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