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Olas de un mismo mar

by José Manuel Sáez Sánchez

Actividad
Meditación
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2

Una de las cuestiones más complejas es trasladar nuestra sensación de realidad desde la realidad humana a nuestra realidad interior, especialmente, porque para ello solemos seguir usando el mismo mecanismo de reconocernos en el pensamiento habitual, en vez de dejarnos percibir desde el interior.

Transcripción

Hola,

Bienvenidos de nuevo a este lugar de encuentro,

De reflexión.

Vamos a interiorizar.

Y sí,

Sigue siendo un enigma,

Una problemática o dificultad el conseguir estar permanentemente conectado a nuestro interior,

En el día a día,

Nos viene muy bien reconectar de vez en cuando para volver a retomar esa labor.

Son tantos años los que hemos estado conscientes de nuestra realidad humana que realmente es muy difícil separarse de todo ese aprendizaje,

Esos hábitos adquiridos.

Pero no hay otra manera,

Solo hay una manera de hacerlo.

Y es insistir en la interiorización para luego vivir esa relación humana siendo conscientes de cada comienzo del día y cada finalización de que son oportunidades aisladas,

Irrepetibles.

Y de esa manera podemos afrontar cada día conscientemente volviéndolo a intentar.

Por eso es muy recomendable meditar a primera hora de la mañana antes de iniciar ninguna labor,

Antes de conectarnos nuevamente con lo que tenemos que hacer en el día,

Para iniciar el día desde ese interior.

Vamos a desarrollar un poquito el ejemplo que hemos utilizado en otras ocasiones de las olas del mar,

Ya que puede aportar muchos aspectos para mantenernos atentos a ese interior.

Diríamos que todo es agua en el mar,

Todo es agua.

Cuando no se mueve el oleaje la superficie está como un espejo y vemos que toda la realidad del agua está unificada.

Hay como una línea que llega hasta el horizonte.

Podríamos decir que el mar es uno.

Sin embargo cuando hay oleaje vemos que las olas sobresalen de esa línea del horizonte,

A veces de una manera exagerada,

Otras veces menos.

A veces son olas que se mueven con cierta armonía y otras veces parecen chocar unas contraotas.

De ese modo podríamos imaginar que nos despertamos por la mañana siendo ese mar en calma,

Como un espejo,

Y en el momento que comenzamos a darnos cuenta de que somos ese ser humano con esos quehaceres,

Con esas tareas pendientes del día anterior,

Entonces se empieza a mover una ola,

Un oleaje,

Es como que una cantidad de agua se levanta,

Sobresale,

Y entonces está centrada en sí misma.

Es lo que nos ocurre cuando dejamos la calma de las primeras horas de la mañana y nos incorporamos a esa identidad.

Cuando estábamos abiertos a percibir todo lo que nos rodea,

A estar en calma,

Estábamos todavía conectados con la unidad del mar.

Sin embargo,

En el momento que iniciamos la jornada,

Desconectamos del mar,

Nos separamos de él y formamos una ola.

Entonces,

Si miramos a nuestro alrededor,

No podemos estar en contacto con el agua,

No podemos percibir lo que nos rodea,

Ya que es aire,

Y el aire no nos permite esa conexión que tenemos cuando estamos en paz.

De esa manera,

Toda nuestra actividad del día se mueve como si fuese una ola de un lado para otro,

Hasta que finalmente acaba el día y esa cantidad de agua que forma nuestra ola vuelve a apaciguarse,

A descender y a equilibrarse junto al mar.

Sería algo así como si nuestros brazos alrededor de nuestro cuerpo se abriesen hacia los lados y se interconectaran con otros brazos de otras olas.

Es como unificarse en un abrazo junto al resto de olas.

Ese es el estado meditativo que se alcanza en esas experiencias de meditación compartida,

A veces guiados por el sonido de los cuencos.

Vemos que hay como un apaciguamiento y entonces nos damos cuenta de que podemos percibir lo que nos rodea.

Podemos sentir la presencia de otros seres humanos desde ese no ser una ola,

Desde ese dejarnos sentir.

Todo esto generalmente ocurre sin darnos cuenta y,

Sin embargo,

Ocurre.

En un viaje de sonido con cuencos,

Cantos y otros instrumentos suele ser muy sencillo porque los sonidos nos aquietan,

Nos relajan y nos permiten que nuestra ola descienda.

Y entonces,

Al empezar,

Contemplábamos a otras personas que participaban de la actividad viéndolos como olas,

Como olas de un determinado tipo.

Viendo la separación que hay entre nuestra ola y la de los demás,

Juzgando si tiene más agua,

Si tiene menos agua,

Si está encrespada,

Si muestra tranquilidad,

Nos sentimos individuales y separados.

Y vemos que en realidad es en nuestra mente donde se forma la ola,

En ese cúmulo de pensamientos que constituyen nuestra identidad humana,

Es realmente esa ola.

Es lo que nos hace ver hacia alrededor que estamos rodeados de otros seres humanos con también una idea de yo.

Sin embargo,

Cuando los sonidos nos llegan,

Nos relajamos,

Vamos distindiendo nuestro interior,

Vamos como ocupando más espacio precisamente por no sostener esa idea de yo y todo lo que nos atañe en el día en el que estamos.

Es común y general lo que se comparte de entrar en una atmósfera muy especial,

En un lugar de calma y paz donde los problemas,

El estrés,

Las inquietudes,

Las ansiedades se desvanecen simplemente porque no estamos sosteniéndolas con nuestro pensamiento.

Como si se olvidaran,

Como si no existiesen.

Y realmente en esos momentos en los que estamos más presentes en la sensación interior y en la sensación de compañía que terminamos por captar de los demás,

Vemos que se está en paz,

Que logramos estados de relajación como no recordamos,

Que no queremos salir de ese estado,

Queremos permanecer con la percepción de estar compartiendo una misma realidad,

Un mismo estado,

Un mismo silencio.

Es común y tengo bastante observado y experimentado ese estado en el que los participantes de un viaje de sonido como que no quieren salir de él.

Es como si nos hubiésemos desprendido de una carga gigantesca y empezáramos a sentirnos verdaderamente en calma,

En paz.

En esos momentos es tan interesante observar y asimilar que ese estado forma parte de nuestro ser interior,

Que realmente es nuestro estado natural y quizás el estado que tanto necesitamos.

De una manera inesperada y sorprendente entramos en ese estado y nos preguntamos por qué no estaré más veces de este modo,

Por qué me dejo atrapar tanto por lo cotidiano,

Por qué no me presto atención.

También son momentos muy óptimos para preguntarnos quién soy realmente.

Todo lo que pienso o lo que experimento en estos momentos es lo que puedo percibir con tanta claridad el estado interior.

¿Dónde está la energía que me sustenta y me permite la experiencia de estar consciente y vivo?

¿De dónde parte?

¿En qué utilizo esa energía?

Prefiero utilizarla en sostener esa inercia,

Esa idea de yo que necesita sostenerse apoyándose en los actos,

En el exterior.

Con lo sencillo que es en este momento dejarme estar,

Aceptar lo que soy,

Dejarme sentir y dedicarme toda la atención a darme cuenta de que existo en el interior.

Son momentos muy interesantes para aprovecharlos en darnos cuenta de que realmente no somos lo que pensamos.

No somos los pensamientos,

No somos las memorias,

Los recuerdos,

No somos lo que hacemos.

Somos una realidad interior que en este momento tenemos la oportunidad de reconocernos como un ser real y como un estado real.

Podemos ver el esfuerzo que tenemos que hacer para intentar volver a la idea de yo.

Porque a través de la idea de yo,

Aún buscando momentos con esta calma,

No consigo más que enredarme nuevamente en el mundo de los pensamientos.

Y sin embargo ahora,

Casi sin quererlo,

Me veo sumergido en ese mar en calma,

Sintiendo conexión con el mundo,

Percibiendo la sensibilidad interior propia y la de los seres que nos rodean.

De hecho,

Se puede experimentar esa unidad del agua en el mar cuando está en calma.

Uno puede dejarse ser y a la vez dejar ser la realidad del otro que podemos percibir como si fuese el mismo agua.

Esta visualización del mar en calma podemos utilizarla cuando lo necesitemos para conectar con lo que nos rodea,

Con los seres humanos con los que nos estamos relacionando,

Para sentir esa conexión,

Para llegar a los demás,

Para llegar a uno mismo.

Estos puntos de referencia que alcanzamos de vez en cuando,

Que nos hacen ver claramente que hemos de soltar todo para poder estar en ese estado,

Nos pueden servir como puntos de referencia para cada meditación que realizamos,

Para cada momento que nos sentamos a percibir lo que verdaderamente es real en uno mismo.

Percibiendo directamente esa sensación de ser,

Ya no cabe lugar a la pregunta ¿Quién soy?

Porque directamente estaremos percibiendo que somos una realidad interior.

Evidentemente no podremos asemejarla a ninguna idea de yo,

Pues lo que somos existe antes de ningún pensamiento y siempre estará presente después de cualquier pensamiento.

Lo que somos es inalterable,

O lo percibimos o no lo percibimos,

Pero no podemos cambiarlo ni evitarlo.

Por eso el estado más favorable,

Más placentero y más gratificante será siempre dejarnos ser en el interior,

En ese mar en calma y percibir al otro de esa manera tan accesible a través de ese agua,

Que como un infinito abrazo nos interconecta directamente con otra agua.

Ya no existe una forma ni un espacio aéreo que nos separe,

Se trata de dejarnos ser en la unidad.

Gracias.

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