
Cuento Zen: El Valor de las Cosas
by Marta Mañero
Este cuento zen nos enseña como es fundamental no dar tanto crédito a juicios externos, ni a nuestro propio ego, si nos hacemos conscientes que esas opiniones que vertemos sobre algo, vienen filtradas por nuestra mente egoica. No todo el mundo sabe apreciar cuan valioso es algo o alguien, ni siquiera nosotros mismos, que a menudo nos infravaloramos. A primera vista, muchas veces pasa desapercibido el auténtico valor de aquello que estamos considerando.
Transcripción
Hola,
Mi nombre es Marta y hoy deseo compartir contigo un hermoso cuento zen sobre el valor de las cosas,
El cuento del anillo.
Así que escoge una postura cómoda.
Puede ser sentada con las piernas cruzadas,
Una postura sentada sobre una silla o una postura estirada en el suelo o en tu cama.
En esta postura puedes prestar atención a mi voz sin dormirte.
Cierra tus ojos y empieza a aflojarte completamente gracias a tu respiración larga y suavizante.
Siente cómo se relaja cada músculo en este proceso,
Manteniendo la columna erguida si estás sentado o sentada.
Suaviza completamente la piel alrededor de tu oreja izquierda y la cavidad interna del oído izquierdo.
Suaviza ahora la piel,
La fascia,
Alrededor de tu oreja derecha y la cavidad interna del oído derecho.
Dispuesto a escuchar la siguiente historia.
Haz cuatro respiraciones más,
Bien amplias,
Sintiendo cómo te ayudan en este proceso de suavizar cada espacio de tu cuerpo.
Relaja nuca,
Relaja mandíbulas,
Relaja el pecho.
Y ahora sí,
Paso a compartirte el cuento.
Continúa estando presente observando cualquier reacción que aparezca a lo largo de esta escucha.
Este cuento nos aporta una enseñanza fundamental.
No todo el mundo sabe apreciar cuán valioso es algo o alguien,
Ni siquiera nosotros mismos,
Que a menudo nos infravaloramos.
A primera vista,
Muchas veces pasa desapercibido el auténtico valor de aquello que estamos considerando.
Por eso,
Como moraleja,
Propone no darle tanto crédito a los juicios o valoraciones de quienes sólo ven las apariencias,
Ni a nuestro propio ego,
Si nos hacemos conscientes que esas opiniones que vertemos sobre algo,
Alguien o nosotros mismos,
Vienen filtradas por nuestra mente egoica.
Molière,
Dramaturgo y poeta francés del siglo XVII,
Decía que las cosas no valen sino lo que se las hace valer.
La historia comienza en un país lejano en el que vivía un hombre sabio al que todos llamaban maestro.
Eran muchos los que acudían a él para recibir sus consejos,
Que siempre eran acertados y provechosos.
El maestro era también un artesano muy hábil,
Que hacía objetos preciosos,
Muy apreciados por todos.
Una mañana llegó hasta su taller un joven bastante compungido.
Se acercó al maestro y le dijo que se sentía muy desdichado.
Vengo,
Maestro,
Porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada.
Me dicen que no sirvo,
Que no hago nada bien,
Que soy torpe y bastante tonto.
¿Cómo puedo mejorar?
¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro,
Sin mirarlo,
Le dijo Cuánto lo siento,
Muchacho,
No puedo ayudarte.
Debo resolver primero mi propio problema,
Quizá después,
Y haciendo una pausa ágrico.
Si quisieras ayudarme tú a mí,
Yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
Encantado,
Maestro,
Titubeó el joven,
Pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
Bien,
Asintió el maestro.
Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó Toma el caballo que está allí fuera y cabalga hasta el mercado.
Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda.
Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible,
Pero no aceptes menos de una moneda de oro.
Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó,
Empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes.
Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro,
Algunos reían,
Otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar,
Alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre,
Pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado,
Más de 100 personas,
Y abatido por su fracaso,
Montó su caballo y regresó.
Cuando hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro,
Podría entonces habersela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
Maestro,
Dijo,
Lo siento,
No es posible conseguir lo que me pediste.
Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata,
Pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
¿Qué importante lo que dijiste,
Joven amigo?
Contestó sonriente el maestro.
Debemos saber primero el verdadero valor del anillo.
Vuelve a montar y vete al joyero.
¿Quién mejor que él para saberlo?
Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él.
Pero no importa lo que te ofrezca,
No se lo vendas.
Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil.
Lo miró con su lupa,
Lo pesó y luego le dijo.
Dile al maestro,
Muchacho,
Que si lo quiere vender ya,
No puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
¿58 monedas?
Exclamó el joven.
Sí,
Replicó el joyero.
Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas.
Pero no sé si la venta es urgente.
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contar lo sucedido.
Siéntate,
Dijo el maestro después de escucharlo.
Tú eres como este anillo,
Una joya,
Valiosa y única.
Y como tal,
Solo puede evaluarte verdaderamente un experto.
¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto,
Volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
Y así termina el cuento zen que hoy quería compartirte.
Antes de terminar la práctica,
Me gustaría que te observaras con este foco neutro desde el cual puedes reconocerte ahora,
Tras una práctica meditativa.
Vamos a regresar a conectar con la respiración,
Si es que habías perdido.
Está este vínculo.
Siente como tu inhalación viene a la zona del pecho,
Expandiéndose en todas direcciones.
Observa que con la exhalación te aflojas,
Te suavizas un poquito más.
Deja que tu mirada quede fijada con los ojitos cerrados,
O bien en el centro del pecho o bien en el entrecejo.
Y continúa así cuatro respiraciones más,
Alargándolas tanto en la inhalación como en la exhalación.
Muy bien,
Ahora te pregunto,
¿qué aprecias de ti?
Mentalmente determina dos aspectos físicos y dos aspectos psicoemocionales que valores de ti mismo,
De ti misma.
Conecta con tu corazón para ello.
Dos aspectos físicos,
Dos aspectos psíquicos.
Si en estos momentos no te aparecen en alguno de los dos casos,
Después de terminar el audio puedes continuar con este trabajo.
Puedes apuntar aquello que hayas encontrado para dejar constancia por escrito.
Y te hago otra pregunta,
¿qué aportas a tu entorno y al mundo?
Escoge algo que reconozcas que tú hagas y sume,
Que sepas que da valor al mundo gracias a lo que haces.
Puede ser a nivel personal,
A nivel de implicación social,
En tu trabajo.
Con todo ello abrázate profundamente y siente que eres alguien valioso,
Valiosa.
Gracias por estar ahí,
Gracias por querer hacer un mundo mejor a través de tu práctica de meditación.
Sat Nam
Conoce a tu maestro
4.4 (55)
Reseñas Recientes
More from Marta Mañero
Meditaciones Relacionadas
Trusted by 35 million people. It's free.

Get the app
